Don Víctor: Si lo mira usted bien, don Hugo, ese Adán que con tanta pena abandona el Paraíso, no es otro que nuestro Xabi Alonso…Don Hugo: Y la Eva, con cara de funeral, no es otra que España.Don Víctor: ¿Por qué los echa ese ángel del Edén? ¿Qué han hecho los pobrecillos, con lo bienSigue leyendo «Expulsados del Paraíso»
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Ponderoso Orson Welles
Don Víctor: Hay que reconocer que aquí, en Viena, en rincones como éste, donde mantienen el mismo alumbrado que en los años cuarenta, uno teme toparse con Orson Welles a la vuelta de la esquina.Don Hugo: ¡Si casi me parece adivinar la puntera de su zapato asomando en ese umbral sombrío!Don Víctor: Aplastante personalidad laSigue leyendo «Ponderoso Orson Welles»
Cireneos a la fuerza
Don Hugo: A cada paso que daba, el peso se me hacía cada vez más insoportable.Don Víctor: ¿Pero qué es lo que había comprado Dolores?Don Hugo: Una blusa.Don Víctor: ¿Es que la habían embalado en una caja de caudales?Don Hugo: No, ¡quia!, en una de esas bolsas de papel reciclado, tan decorativas, de la calleSigue leyendo «Cireneos a la fuerza»
Calaveras
Don Hugo (cantando): «¡Esos ya van!»Don Víctor (cantando): «¡Qué alegre es Madrid en carnaval!»Don Hugo: Sí, que ahora el carnaval empieza cada jueves.Don Víctor: Tenga usted cuidado al cruzar, don Hugo, que van haciendo el loco.Don Hugo: Sabe lo que le digo, don Víctor, que, bien mirado, qué suerte que no tengamos la obligación deSigue leyendo «Calaveras»
Hombres de negocios
Don Hugo: ¿Se imagina, don Víctor, que usted y yo hubiéramos sido hombres de negocios?Don Víctor: ¿¡Hombres de negocios!?Don Hugo: Hombres de negocios…algo bien natural.Don Víctor: Precisamente, don Hugo. Recuerde lo que dice Baudelaire de lo que es el hombre liberado de la civilización… en una guerra, por ejemplo. Mato, robo, violo, destruyo…Don Hugo: PeroSigue leyendo «Hombres de negocios»
Pompilio
Don Hugo: Antes sólo teníamos a Pilar Careaga, ingeniero industrial, alcaldesa de Bilbao, Procuradora en Cortes y si se terciaba, maquinista de locomotoras.Don Víctor: Sólo le faltaba levantar piedras como a la hermana de Urtain…Don Hugo: La excepción que confirma la regla en un país de mujeres de pata quebrada y en casa.Don Víctor: SiSigue leyendo «Pompilio»
Gallos y mugidos
Don Hugo (cantando): Sparafucil mi nomino…Don Víctor (cantando): Muta d´accento e di pensier, e di pensier, e di pensieeeer!Don Hugo: ¡Vaya gallo, don Víctor! ¿Por qué se empeña usted, hombre de Dios, en cantar partes de tenor?Don Víctor: Pues anda que usted, don Hugo, con su Sparafucile… si me daban ganas de llevarle corriendo aSigue leyendo «Gallos y mugidos»
Juanelo y los sosias
Don Víctor: Entonces, don Hugo, ¿éstos son los cangilones que se iban llenando y vaciando según oscilaban los balancines?Don Hugo: Tal cual. No se desprende otra cosa de la descripción que hizo Ambrosio Morales del artificio de Juanelo.Don Víctor: Qué admirable ingenio para su tiempo. Con razón todo visitante buscaba ver la catedral y elSigue leyendo «Juanelo y los sosias»
Charlestón bizantino
Don Víctor: Yo no lo veo ni tan hierático ni tan absorto, don Hugo, con todas las salvedades de la convención de su época.Don Hugo: Sin embargo, don Víctor, no alcanzo a ver verdaderas mujeres en el cortejo de Teodora. Se me antojan solemnes palos de escoba.Don Víctor: Entorne los ojos y abandónese al cabrilleoSigue leyendo «Charlestón bizantino»
Dichosos Pinos
Don Víctor: No dejo de sentirme, don Hugo, como uno de esos muñequitos que ponen en las maquetas de las nuevas promociones inmobiliarias. Don Hugo: Es verdad… ¡aquí todo es tan grande! Don Víctor: ¿Pero no le parece que este río tan canalizado y tan regulado es un estanque con forma de río? Don Hugo:Sigue leyendo «Dichosos Pinos»