
Don Víctor: Por favor, don Hugo, ¿podría usted de sacarme cuanto antes de este laberinto? No sé ni dónde estoy.
Don Hugo: Pero, don Víctor, ¡dónde quiere usted que estemos! Estamos transbordando en la estación de Sol.
Don Víctor: Pues yo he leído «Vodafone».
Don Hugo: Estamos buscando la línea dos.
Don Víctor: He visto varios doses. Aquél indica que hay que subir la escalera mecánica; ese otro, sin embargo, que bajemos por la escalera convencional… allí pone que a la derecha y, al lado, que a la izquierda… Y, para colmo, en medio, hay unos ascensores…
Don Hugo: Tiene usted más razón que un santo. Yo tampoco me aclaro. Esto es un auténtico laberinto. ¿Sabrá toda esa gente adónde va cada uno?
Don Víctor: Tendrá que ser a base de práctica tras confundirse muchas veces. ¡Pa´l tío sabío!
Don Hugo: Que para mí no puede ser más que el mismísimo arquitecto: ¡el propio Dédalo!
Don Víctor: Calle, que me parece oír el mugido del Minotauro. Salgamos pronto de aquí, no sea que nos arree un gañafón y luego nos devore.
Don Hugo: ¡Ni transbordo ni leches! Hasta que no veamos el reloj de Gobernación, no sabremos dónde estamos.