Juanelo y los sosias

Don Víctor: Entonces, don Hugo, ¿éstos son los cangilones que se iban llenando y vaciando según oscilaban los balancines?Don Hugo: Tal cual. No se desprende otra cosa de la descripción que hizo Ambrosio Morales del artificio de Juanelo.Don Víctor: Qué admirable ingenio para su tiempo. Con razón todo visitante buscaba ver la catedral y elSigue leyendo «Juanelo y los sosias»

Charlestón bizantino

Don Víctor: Yo no lo veo ni tan hierático ni tan absorto, don Hugo, con todas las salvedades de la convención de su época.Don Hugo: Sin embargo, don Víctor, no alcanzo a ver verdaderas mujeres en el cortejo de Teodora. Se me antojan solemnes palos de escoba.Don Víctor: Entorne los ojos y abandónese al cabrilleoSigue leyendo «Charlestón bizantino»

Con los botines puestos

Don Hugo: Anoche, cuando llegábamos ya a la estación, me recordó usted a Tintín… Don Víctor: ¿Cómo es eso, don Hugo? ¿Acaso tuve una pesadilla y grité: «¡Chang!»? Don Hugo: No, lo decía por lo cuidadoso que fue usted al desplegar «Le Figaro» bajo sus zapatos para no manchar la tapicería. Don Víctor: Me encantaSigue leyendo «Con los botines puestos»

Civiles y militares

Don Hugo: ¿Entonces tenía razón Churchill?… Don Víctor: Acaso sea demasiado seria para dejársela a los militares, pero también es cierto que la guerra la desencadenan los políticos… Don Hugo: Pienso en Hitler ordenando la invasión de Rusia contra el parecer de su Estado Mayor… Don Víctor: Churchill era al fin y al cabo mitadSigue leyendo «Civiles y militares»