Don Víctor: Dígame, don Hugo: ¿por qué esos tres y no, por ejemplo, Perseo y Jasón? Don Hugo: Teseo se enfrentó al Minotauro, un monstruo, y Jasón, para hacerse con el Vellocino de Oro, hubo de someter a un toro sobrenatural y vencer a un ejército de soldados sobrehumanos, monstruos también al fin y alSigue leyendo «Héroes jóvenes»
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Caín y Abel
Don Hugo: La humanidad imagina a Dios rumiando su nostalgia de aquel Paraíso que con tanto cariño ajardinó en el Oriente. Don Víctor: Y, sin embargo, bien sabía Él que, adornando con el libre albedrío a la última de sus criaturas, ésta levantaría el vuelo y abandonaría el nido protector. ¿No es cierto, don Hugo?Sigue leyendo «Caín y Abel»
Saludos
Don Víctor: Parece mentira, don Hugo, que nos toque ver otra vez el escarnio de la democracia, el fortalecimiento de los regímenes autoritarios y la expansión del espíritu inquisitorial. Don Hugo: Como esto siga así, don Víctor, nos veo saludándonos los unos agarrándose el cuerno y los otros alargando la mano a ver si llueve.Sigue leyendo «Saludos»
Espacio-Tiempo
Don Hugo: Pero, don Víctor, según hablamos, no para usted de dar vueltas a mi alrededor cada vez más deprisa… ¿Qué tiene usted, hombre, si parece el segundero de un derviche? Don Víctor: Perdone, don Hugo, no me había dado cuenta, pero ahora que menciona usted el segundero, le confieso que esta plática me estáSigue leyendo «Espacio-Tiempo»
Voci parallele
Don Víctor: ¡Qué cabezas tan operísticas las de don Miguel y don Benito! Don Hugo: Para mí, un par de ejemplos los hermanan: el de Triste, en “O´Donnell”, y el del joven noble que se disfraza de arriero en el Quijote. Don Víctor: ¡Es verdad, don Hugo!… en ambos casos, bajo una mala facha seSigue leyendo «Voci parallele»
Hagiografías
Don Hugo: No se crea usted, don Víctor, que algunos chistes, por burdos que sean, delatan un origen culto e incluso sacro. Don Víctor: ¡Ya lo adivino! Escuche, don Hugo: -Pero, ¡cómo hace usted para mantenerse tan joven? -No discutir con nadie. -Hombre, ¡no será por eso! -Ah, ¡pues no será! Don Hugo: No, ¡ése,Sigue leyendo «Hagiografías»
¿Dónde están las llaves?
Don Hugo: ¡No me diga usted, don Víctor!… A mí también me ha inspirado un sueño el relato de Supervielle, “La niña de alta mar”… pero, cuénteme usted primero el suyo. Don Víctor: Volví a sentir la misma angustia que me acongojó aquella vez en que fuimos a la Comédie Française a ver “La vozSigue leyendo «¿Dónde están las llaves?»
Ven, Muerte, tan escondida
Don Víctor: Estoy recordando ahora el libro de Giorgio Bocca , “Il provinciale”, que me prestó usted hace unos años. Me impresionó grandemente la figura de aquel partisano francés, Loulou, que combatía en Italia, independiente y solitario, in cerca della morte o della vendetta. Don Hugo: Sí, don Víctor, se decía que los alemanes habíanSigue leyendo «Ven, Muerte, tan escondida»
¿Suelto o recogido?
Don Hugo: Caído el vestido, ya sólo falta que se suelte el pelo. Don Víctor: Hay mucho disimulo y mucha ambigüedad en este Veronese, don Hugo. Fíjese que mientras el marido contempla arrobado lo que al espectador se le oculta, el amante, fingiéndose distraído, desliza un billete amoroso entre los dedos de la bella. DonSigue leyendo «¿Suelto o recogido?»
La Rey-Joly
Don Víctor: Pero, don Hugo, lo que más me llamó la atención es que dedicara usted la mayor parte de sus alabanzas a la magnífica pronunciación de la letra “s”. Don Hugo: No me diga que no se le alegraban los ojitos a la Rey-Joly… Don Víctor: ¡Toma, y a nosotros con ella! Don Hugo:Sigue leyendo «La Rey-Joly»