Don Hugo: Y la tal madame d´Épinay, su protectora, nunca le hizo tilín: demasiado pálida, demasiado seca y, sobre todo, plana. Don Víctor: Pues bien que se arrimaba el buen Rousseau a su pródiga bolsa… Don Hugo: Nada: algunos besitos fraternales, unas carantoñitas inocentes… ¡y pare usted! Ése fue todo su pago. Don Víctor: Dígame,Sigue leyendo «Balcones»
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El corrido de Durero
Don Víctor: Esto de ambientar una exposición de arte contemporáneo con música de fondo, como para apuntalar la inconsistencia de lienzos y esculturas… Don Hugo: ¡No olvide usted, don Víctor, las instalaciones! Don Víctor: ¡También, también!… En definitiva, una especie de paisaje que no nos dice nada y que me hace pensar en el arteSigue leyendo «El corrido de Durero»
Los anteojos del amor
Don Hugo: No hace falta que siga usted buscando aquello que le dije, don Víctor. Ya tengo el ejemplo que necesito. Don Víctor: ¿Eso de cómo el amor impregna y cambia la mirada de manera que todo lo embellece? Don Hugo: Efectivamente. No adivinaría usted el autor que mejor lo expresa. Don Víctor: ¿Español oSigue leyendo «Los anteojos del amor»
Caer
Don Hugo: Saque usted una papeleta al azar, don Víctor… Yo leo la primera: “A nuestro amor demos placiente y entero cumplimiento”. Don Víctor: ¡Qué bien, don Hugo, un ratito en la Edad Media! A ver qué saco yo… “Y en uno habremos toda la noche, uno del otro, fiesta y placer”. Don Hugo: ¡QuéSigue leyendo «Caer»
Malas lecturas
Don Hugo: Oiga, don Víctor, ¿de qué iba la primera lectura, que no me he enterado de nada? Don Víctor: Claro, don Hugo, es que ese señor hablaba para el cuello de su camisa y pronunciaba muy mal. Yo sólo he entendido que el brazo del Señor es poderoso. Don Hugo: Sí, hombre, pero esoSigue leyendo «Malas lecturas»
Neomudéjar
Don Hugo: Dígame, don Víctor, ¿son ganas de protestar por protestar o realmente ese movimiento vecinal de Tetuán en defensa de su neomudéjar tiene sentido?… porque en el caso de las Escuelas Aguirre, por ejemplo, está claro que sería una barbaridad borrar del mapa un edificio tan singular, resultado de un cuidadoso proyecto arquitectónico, deSigue leyendo «Neomudéjar»
Günter Netzer
Don Hugo: Y me pregunto yo, don Víctor, ¿por qué se dirá “trabajar como un enano”? Don Víctor: Veo que a Freud no le dio tiempo a explicarlo, pero déjeme usted, don Hugo, que sea yo quien, por una vez, imagine su respuesta. Don Hugo: ¡No faltaba más! Por eso se lo pregunto. Don Víctor:Sigue leyendo «Günter Netzer»
El regalo de Letizia
Don Víctor: Me lo imagino contando unos chistes verdes que harían enrojecer hasta al mismo general Primo de Rivera. Don Hugo: Desde Fernando VII es proverbial la chabacanería de nuestros Borbones. Don Víctor: ¡Farsa y licencia de la reina castiza!… y así les fue a la postre a doña Isabel II, a don Alfonso XIIISigue leyendo «El regalo de Letizia»
El velatorio de Valeriano
Don Víctor: Cómo lo sentí, don Hugo…. Fue marcharse usted del velatorio y empezó lo mejor. Hacía años que no nos reíamos tanto en la familia. Don Hugo: Es típico de los funerales suscitar incontenibles jolgorios liberadores de una tensión psíquica inducida por la muerte del ser querido. No deja de ser un ejemplo másSigue leyendo «El velatorio de Valeriano»
Habla madrileña
Don Hugo: Pero, don Víctor, ¿entonces su supuesto homenaje a Galdós, en el centenario de su muerte, va a consistir en rebatirle un párrafo de principio a fin? Don Víctor: Qué remedio me queda, don Hugo, si ése es el resultado después de haberlo estudiado con el mayor interés y total objetividad. Don Hugo: ¿YSigue leyendo «Habla madrileña»