Don Hugo: Es pasar por delante de la estación del Norte y pensar en Salvador de Madariaga… Don Víctor: ¿Cómo es eso, don Hugo?, ¿es que acaso fue aquí donde tomó el expreso camino del exilio? Don Hugo: No, don Víctor, lo digo por aquello de que, según escribiera refiriéndose a la España decimonónica, “EspañaSigue leyendo «Envidia»
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Bes
Don Víctor: De toda esta antología norteamericana de cuentos europeos, entonces ¿cuál es el que más le ha interesado, don Hugo? Don Hugo: No sé si será el más interesante, pero a mí me ha llamado especialmente la atención ése de Michel Tournier. Don Víctor: ¡Ah sí, “El enano rojo”! Don Hugo: Efectivamente. Fíjese usted,Sigue leyendo «Bes»
O monjes o bohemios
Don Víctor: Al final van a gastarse lo que no está escrito y no nos van a hacer caso. Don Hugo: Por lo menos el rey ya no va a estar todo el día con la mirada puesta en el reloj. Don Víctor: Sí, pero le obligarán a tenerlo en cuenta, aunque sea con elSigue leyendo «O monjes o bohemios»
Endocrinología
Don Hugo: Ya sé cuál es el poema que quiere usted mostrarme, don Víctor. Don Víctor: No, no es eso. Quería enseñarle el prólogo… lo que decíamos el otro día… ¿es que en esos años no hubo un libro que no fuera prologado por don Prologorio? Don Hugo: ¡El doctor Gregorio Marañón! Veo que tambiénSigue leyendo «Endocrinología»
Ricos de aquí, ricos de allá
Don Víctor: ¡Ya lo tengo, don Hugo! Escuche: “¿Por qué no existen grandes y potentes instituciones de cultura con espíritu liberal en la zona libre exterior del Estado en donde han prosperado las de la Iglesia?…” Don Hugo: ¡Y mire que no se habrán amontonado aquí fortunas portentosas ni encumbrado durante siglos grandes dinastías aristocráticas!Sigue leyendo «Ricos de aquí, ricos de allá»
A la española
Don Víctor: Estaba yo en el salón leyendo a Gabriel Miró cuando oí a Julita riendo a carcajadas en la alcoba. Hablaba por teléfono y pensé que sería con Dolores, que le estaría contando nuestro proyecto de ese viaje agro-turístico por Hungría para rebatir a Liszt. Don Hugo: Pero, don Víctor, no puede ser… ¡siSigue leyendo «A la española»
Ombra mai fu
Don Hugo: Un poco más de discreción, don Víctor, que se le va a molestar Julita… Don Víctor: Pero, don Hugo, si sólo me tomé un tiramisù, y, ¡qué diantre!, un día es un día, que hacía lo menos una semana que no cenábamos juntos. Don Hugo: No es eso, don Víctor, me refiero aSigue leyendo «Ombra mai fu»
Héroes jóvenes
Don Víctor: Dígame, don Hugo: ¿por qué esos tres y no, por ejemplo, Perseo y Jasón? Don Hugo: Teseo se enfrentó al Minotauro, un monstruo, y Jasón, para hacerse con el Vellocino de Oro, hubo de someter a un toro sobrenatural y vencer a un ejército de soldados sobrehumanos, monstruos también al fin y alSigue leyendo «Héroes jóvenes»
Caín y Abel
Don Hugo: La humanidad imagina a Dios rumiando su nostalgia de aquel Paraíso que con tanto cariño ajardinó en el Oriente. Don Víctor: Y, sin embargo, bien sabía Él que, adornando con el libre albedrío a la última de sus criaturas, ésta levantaría el vuelo y abandonaría el nido protector. ¿No es cierto, don Hugo?Sigue leyendo «Caín y Abel»
Saludos
Don Víctor: Parece mentira, don Hugo, que nos toque ver otra vez el escarnio de la democracia, el fortalecimiento de los regímenes autoritarios y la expansión del espíritu inquisitorial. Don Hugo: Como esto siga así, don Víctor, nos veo saludándonos los unos agarrándose el cuerno y los otros alargando la mano a ver si llueve.Sigue leyendo «Saludos»