Don Víctor: Fíjese usted, don Hugo, qué fascinante es el recorrido sinuoso de las curvas en la silueta femenina: el reducido talle da paso al armonioso explayarse de las caderas que se recogen luego en las delicadas rodillas. Don Hugo: Sí, don Víctor, y si ascendemos por encima de la cintura, reina la espléndida convexidadSigue leyendo «Mujeres paleolíticas»
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Artes y oficios
Don Hugo: El único disgusto que he tenido nunca con él. Don Víctor: Pero, ¿qué me dice, don Hugo? Si su hijo Luisito es un trozo de pan… Don Hugo: Sí, don Víctor, pero tuve la mala pata de decir que no hay profesión más turbia que la de abogado cuando acababa de perder tanSigue leyendo «Artes y oficios»
El guante
Don Hugo: Cada vez que paso por la Sala Ochavada, no dejo de acudir a contemplar esa mano prodigiosa y ese guante que cuelga melancólicamente entre los dedos. Don Víctor: Todo un dandy el Infante don Carlos con ese gesto negligente, tan lleno de elegancia. Don Hugo: Queda claro que lo está exhibiendo, pero elSigue leyendo «El guante»
Rayas y rayos
Don Víctor: Pues es el traje más elegante que tengo, don Hugo… ¿Ni siquiera la raya diplomática? Don Hugo: Nada de rayas ni de manchas que alteren la uniformidad de la prenda. Bien claro lo dice Moisés: «Veste, quae ex duobus texta est, non indueris». Don Víctor: ¡Menos mal, don Hugo, que usted tampoco esSigue leyendo «Rayas y rayos»
Elogios envenenados
Don Víctor: Es que, en ocasiones, algunos elogios van cargados de veneno, don Hugo. Don Hugo: Sí, como aquella vez en que le gritaron a Ponce: «¡Qué buen torero si hubiera toro!» Don Víctor: Como que no sabíamos todos que Ponce escoge siempre a sus juampedros. Don Hugo: ¿Y eso de «Qué buen vasallo siSigue leyendo «Elogios envenenados»
Lo inefable en el Arte
Don Hugo: Don Víctor, si le dijera que anoche no pegué ojo… Don Víctor: Pues, hombre, don Hugo, si me hubiera usted avisado, habríamos quedado por la tarde y no tan temprano, y así se echaba usted la siesta del carnero. Don Hugo: No, no, don Víctor, si precisamente tenía urgencia por verle y conjurarSigue leyendo «Lo inefable en el Arte»
¿Qué tendrá Túnez?
Don Víctor: Andar y andar, y al final siempre es Túnez el verso suelto del mundo árabe. Don Hugo: Fíjese en qué ha quedado la primavera árabe, tan saludada por Occidente: en guerras civiles y avances del islamismo, en tanto que éste es el único país donde se ha encauzado una vía democrática. Don Víctor:Sigue leyendo «¿Qué tendrá Túnez?»
Malos y buenos
Don Víctor: Tiene que encarnarse, ser un personaje, porque «la Maldad como cualquier abstracción no puede ser retenida en el pensamiento». Don Hugo: Hay que ponerle ojos y cara, expresión, voz, ademanes, nombre y nacionalidad…. ¡en definitiva un traje! Don Víctor: ¡Pero cuánto más atraen estos personajes que no los buenos!… Sin malvados no haySigue leyendo «Malos y buenos»
Colegios de élite
Don Hugo: Vamos, que me puso la cabeza como un bombo… Ya conoce usted las perras que coge Lopetegui… que si «en España lo que no ha hecho el pueblo, no se ha hecho…», que si… Don Víctor: Sí, la verdad es que nuestras élites han sido siempre muy egoístas y muy despegadas de suSigue leyendo «Colegios de élite»
El menú de los héroes
Don Hugo: Celebro, don Víctor, que haya apreciado usted esta versión del «Sigfrido». Don Víctor: Muy interesante, sobre todo en lo orquestal, aunque ya sabe usted que, para mi gusto, la mejor es la de Knappertsbusch, con el «Sigfrido» de Windgassen. Don Hugo: Si es lo que yo les digo a nuestros pesados amigos wagnerianos:Sigue leyendo «El menú de los héroes»