Voz profunda

Don Hugo: ¡Que no, que no, don Víctor! Déjese de romanticismos… ¡que es cuestión de hercios!… La voz femenina ha disminuido en veinticinco hercios en tres décadas. Está ahora, por término medio, en doscientos seis. Don Víctor: ¡Inapelable! Don Hugo: Ya sabía lo que se hacía la señora Thatcher cuando se entrenaba tanto para bajarSigue leyendo «Voz profunda»

Diálogo de Byron y el Arcipreste

Don Hugo: Pero, ¿podrían ser las dos, alegorías de un mismo país? Don Víctor: Byron, don Hugo, no tiene duda: no existen en Inglaterra pies femeninos tan menudos, tan gráciles, tan expresivos, ni de tan fina hechura, como los de las gaditanas. ¡Vamos, que no piensa volver nunca más a Inglaterra! Don Hugo: Hombre, claro,Sigue leyendo «Diálogo de Byron y el Arcipreste»

Amores contrariados

Don Víctor: Tal como éste, debían ser los del Museo de Luarca, que estaba tan cerca del mar que, cuando aquel temporal, las olas rompieron los ventanales y los recuperaron todos. Don Hugo: ¡Y nosotros que nos quedamos sin verlos!… Es como esas historias de sirenas que seducen a mortales y un buen día seSigue leyendo «Amores contrariados»

El idioma de la emoción (o La pira de Creso)

Don Víctor: Buenos días, don Hugo, ¿sabe ya que…? Don Hugo: No siga, don Víctor… ¡por fin su hija!… Si está todo muy claro: ha dormido usted estupendamente y el sueño se ha llevado todas aquellas aprensiones suyas… ¿A que se ha desayunado usted con un apetito como ya no recordaba? ¡Vamos, que está ustedSigue leyendo «El idioma de la emoción (o La pira de Creso)»

Shakespeare y Freud

Don Víctor: Vi, don Hugo, que se quedaba usted muy callado sin querer entrar al trapo cuando Lopetegui proclamó que, “para conocer al hombre, ¡Shakespeare, y no el pelmazo de Freud!” Don Hugo: No quise que nos diera la cena ya que celebrábamos la entrada de Dupré en el patronato, pero la rotunda afirmación deSigue leyendo «Shakespeare y Freud»

Cortesía japonesa

Don Víctor: Este Casanova no tiene desperdicio: cada vez que lo lee uno, encuentra cosas nuevas. Según avanzo en sus Memorias, me llama la atención el gran número de cojos que aparecen por toda Europa, sobre todo entre los nobles que él trata y, además, prácticamente todos intentan disimularla con mayor o menor acierto. DonSigue leyendo «Cortesía japonesa»