El idioma de la emoción (o La pira de Creso)

Don Víctor: Buenos días, don Hugo, ¿sabe ya que…? Don Hugo: No siga, don Víctor… ¡por fin su hija!… Si está todo muy claro: ha dormido usted estupendamente y el sueño se ha llevado todas aquellas aprensiones suyas… ¿A que se ha desayunado usted con un apetito como ya no recordaba? ¡Vamos, que está ustedSigue leyendo «El idioma de la emoción (o La pira de Creso)»

Shakespeare y Freud

Don Víctor: Vi, don Hugo, que se quedaba usted muy callado sin querer entrar al trapo cuando Lopetegui proclamó que, “para conocer al hombre, ¡Shakespeare, y no el pelmazo de Freud!” Don Hugo: No quise que nos diera la cena ya que celebrábamos la entrada de Dupré en el patronato, pero la rotunda afirmación deSigue leyendo «Shakespeare y Freud»

Cortesía japonesa

Don Víctor: Este Casanova no tiene desperdicio: cada vez que lo lee uno, encuentra cosas nuevas. Según avanzo en sus Memorias, me llama la atención el gran número de cojos que aparecen por toda Europa, sobre todo entre los nobles que él trata y, además, prácticamente todos intentan disimularla con mayor o menor acierto. DonSigue leyendo «Cortesía japonesa»

Poli Díaz y Fortuny

Don Hugo: ¡Cuánto le he agradecido siempre, don Víctor, que me invitara tantas veces a ir con usted al Campo del Gas, a las veladas boxísticas, animadas por Bobby Deglané! Don Víctor: ¡Qué recuerdos, don Hugo!… ¡Y cómo quedó atrás toda aquella efervescencia de los Urtain, Pepito Legrá, Carrasco, Dum Dum Pacheco, Perico Fernández…! DonSigue leyendo «Poli Díaz y Fortuny»

Un, dos, tres, responda otra vez

Don Víctor: Hoy, don Hugo, le toca a usted empezar. Don Hugo: Indiscutiblemente, el primero es don Miguel de Unam1. Don Víctor: Voy yo: el segundo, don Benito Pérez Gal2. Don Hugo: Al más grande le falla el apellido: don Miguel de Cervan3. Don Víctor: Il Tasso, don Tor4. Don Hugo: Eso no vale; noSigue leyendo «Un, dos, tres, responda otra vez»

El arte de la política

Don Víctor: No, no, hemos de hacer noche allí porque la misa empieza a las nueve. Don Hugo: ¡Ah, qué bien! Tengo que decírselo a Dolores y también que reserve mesa para cuatro la noche anterior en la Venta de Aires. Don Víctor: Lástima que ya no esté Dupré porque este plan le hubiera encantado.Sigue leyendo «El arte de la política»

Valor, agravio y mujer

Don Hugo: Don Víctor, como usted, me temía lo peor: un montaje de esos geniales, los actores vestidos de mamarrachos y un texto deturpado según las ideologías a la moda. ¡Pues no! Don Víctor: Sí, pero seguro que los actores, como viene siendo habitual, más que declamar con buena escuela, emitían mucho aire y pocoSigue leyendo «Valor, agravio y mujer»

Siempre en guardia

Don Víctor: Ahí los tiene usted, don Hugo, con la barba sobre el hombro, como aquellos conquistadores en América, siempre bajo la amenaza de los indígenas acechantes. Don Hugo: Como que en el momento más inesperado, sale el indio flechero a darles rebatos. Don Víctor: En el caso de los españoles, cabe hablar de épica;Sigue leyendo «Siempre en guardia»