
Don Víctor: ¿Incluso el propio Cocteau, tan imaginativo y hasta fantástico siempre?…
Don Hugo: ¡Incluso Cocteau! ¡Él, como todos! ¿Cómo cree, si no, que me atrevo a afirmar que desayunaba en la cama?
Don Víctor: ¡Atrevida teoría!… ¿Se basa usted en alguna indiscreción de Jean Marais?
Don Hugo: No, el propio Cocteau se delata cuando hace decir a la protagonista de su “Voz humana”, en este orden: “Hay que despertarse y comer y levantarse y lavarse”.
Don Víctor: Creo que ha dado usted en el clavo.
Don Hugo: Pero eso no es todo. En un primer momento pensé que cuando la protagonista de “La voz humana” describe a su amante, atribuyéndole que llevase la camisa arremangada, Cocteau se estaba inspirando en su amigo Picasso, a quien, por taruguico, le quedaban largas las mangas y volvía el puño sobre el jersey, según una foto que obra en mi poder.
Don Víctor: La prueba de la foto resulta irrefutable.
Don Hugo: ¡Pues no, don Víctor! Es Picasso quien imitó a Cocteau, que era tan coqueto y original, y cuyo rasgo diferencial consistía en arremangarse la camisa sobre el jersey o la chaqueta. Y es que, incluso Cocteau, se proyecta, como cualquier creador, en sus criaturas.
Don Víctor: Claro, don Hugo, es que al final no hay modo de crear ex nihilo…
Don Hugo: Como que yo le profeso cada vez más admiración a Dios, que no tenía ninguna tradición a la que adherirse ni la menor experiencia el pobre, y ¡fíjese usted!
Don Víctor: ¡Qué derroche de imaginación!
Don Hugo: Sí, pero en cuanto pudo, como Cocteau, se proyectó en sus criaturas, en usted y yo, y en todas las demás.