Dentro o fuera de la iglesia

Don Víctor: Lo recuerdo perfectamente. Era la compañía de zarzuelas de la CNT. Representaban “La Dolorosa”, del maestro Serrano.

Don Hugo: Pues yo creo que la primera vez que vi “Los de Aragón” fue con la otra compañía de zarzuelas, la de la UGT. Me llevó mi abuelo Hugo. Ahora uno cuenta que se veían estas cosas en el Madrid rojo de la guerra y ¿quién se lo cree?

Don Víctor: Pero, ¡a que nunca le llevaron a aquellas funciones revolucionarias del teatro Lara o  de la Zarzuela para adoctrinar al pueblo?

Don Hugo: Claro, es que aquellas obras eran insufribles, pura propaganda, y bastante tenía la gente con tanto bombardeo y tanta escasez.

Don Víctor: Todos queríamos divertirnos, tanto viejos como niños.

Don Hugo: Y melodramas que nos hicieran llorar, teñidos de sensiblería, incluso religiosa.

Don Víctor: Cuánto contrasta en esto nuestra zarzuela con las óperas italianas, sus contemporáneas, que siempre dejan aparte a la Iglesia.

Don Hugo: Con excepción de la Santuzza, que canta a la Madonna.

Don Víctor: Sí, sí, pero desde fuera de la iglesia, ¡la poveretta!, porque ha pecado con Turiddu.

Don Hugo: ¿No vería usted, don Víctor, por casualidad, una función en el teatro de la Zarzuela de “Gigantes y cabezudos”, allá por los setenta, en que se proyectaba, en el momento apropiado, la imagen de la Virgen del Pilar, y entonces el público prorrumpía en un unánime y apasionado aplauso?

Don Víctor: ¡Claro, y no era para menos!

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