
Don Hugo: Tanto Javierino como Rafita, que ya están en la ESO, se me están aficionando a la ópera. No vea usted, don Víctor, las preguntas que me hacen y lo que les interesa el asunto. ¡Y la música, no digamos!
Don Víctor: ¿Ya han superado aquella fase en que aguardaban con impaciencia la puñalada de Tosca o los bastonazos de don Matías?
Don Hugo: Eso les sigue gustando mucho… A propósito de unas versiones de Kraus que les estuve poniendo el domingo, me preguntó Rafita que quién estaba en lo cierto, si Des Grieux o Alfredo.
Don Víctor: Claro, Manon no puede prescindir del lujo mientras que Violetta se muestra dispuesta a sacrificarlo todo… ¡pero es una cortesana!… ¡Elección difícil!
Don Hugo: No iba por ahí la cosa. Era sobre París. Mientras que Des Grieux promete la felicidad en cuanto lleguen a aquella capital, Alfredo invita a refugiarse en el campo.
Don Víctor: La cuestión está en dilucidar si es la ciudad o la aldea lo que garantiza mayormente la felicidad. ¿Y qué le contestó usted, don Hugo?
Don Hugo: Que cuando no nos sentimos suficientemente felices, creemos que la dicha nos aguarda en otro sitio… Ailleurs!
Don Víctor: ¡Qué majos son! (cantando:) Nous vivrons à Paris.
À Paris tous les deux.
Don Hugo (cantando:) Parigi, o cara, noi lasceremo!