
Don Víctor: Si lo mira usted bien, don Hugo, ese Adán que con tanta pena abandona el Paraíso, no es otro que nuestro Xabi Alonso…
Don Hugo: Y la Eva, con cara de funeral, no es otra que España.
Don Víctor: ¿Por qué los echa ese ángel del Edén? ¿Qué han hecho los pobrecillos, con lo bien que juegan?
Don Hugo: Se trataba de un campeonato de naciones, ¿no es cierto, don Víctor? Pues eso, que es ahí donde les duele.
Don Víctor: ¿Quién nos iba a decir a nosotros, que llevamos toda la vida construyéndonos como seres racionales, que acabaríamos envidiando a los brasileños o a los chilenos por cantar a voz en cuello su himno nacional, incluso cuando ya ha parado la banda?
Don Hugo: ¡Con lo que nos reíamos de los falangistas!
Don Víctor: Resulta que el diputado general de Vizcaya, don José Luis Bilbao, no consiente que la selección española pueda jugar en San Mamés…
Don Hugo: Que Gerard Piqué, indiscutible de España, se ofrece como eslabón de la cadena independentista que cubre todo el litoral de Cataluña…
Don Víctor: Que el cerebro de la selección se muestra incómodo en el trance de recibir el Premio Príncipe de Asturias…
Don Hugo: Claro, es que se lo entregaban junto a Casillas, un español…
Don Víctor: Y aquel jugador del Athletic de Bilbao, Susaeta, que hablando de su participación en la selección española, por no pronunciar ni «España» ni «selección», dijo «la cosa»…
Don Hugo: No sigamos con más ejemplos, don Víctor, que vamos a acabar llorando como el pobre Adán.
Don Víctor: Es el sino del ser humano, don Hugo. ¿Le parece a usted que este ciclo de la selección no es sino la parábola de lo que está por sobrevenirle a nuestro pobre país?
Don Hugo: Lo que menos me esperaba es que el maestro Masaccio, aquí, en la Capilla Brancacci, nos hiciera comprender lo que nos está ocurriendo.
junio 2014








