
Don Víctor: ¿Cómo vamos a salir de este mal paso si está la autoestima de la población por los suelos?…
Don Hugo: ¿»Autoestima», dice usted? Y por qué no «amor propio», en lugar de ese término que yo reservaría únicamente al campo de la psicología.
Don Víctor: Perdone mi intrusismo, pero sin amor propio y con esa fijación en la prima de riesgo…
Don Hugo: ¿Fijación?… ¿En cuál de las distintas etapas del desarrollo psico-sexual: en la oral, acaso en la anal, en la fálica quizá o en…?
Don Víctor: Déjese de monsergas, don Hugo. Lo que yo quería decir es…
Don Hugo: Lo que usted quería decir, don Víctor, es «obsesión».
Don Víctor: Sí, obsesión por la prima de riesgo y otros indicadores económicos. Y para colmo, el narcisismo de nuestros políticos, que, en lugar de ideas…
Don Hugo: ¿Narcisismo? ¿Quiere usted decir con ello que nuestros políticos no han superado aún el primitivo período evolutivo de su afectividad infantil y son incapaces de distinguir el mundo externo y la realidad de su propio yo?
Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿qué mosca le ha picado a usted hoy? Déjeme terminar, que me está entrando complejo de idiota.
Don Hugo: La literatura psicoanalítica sólo sanciona dos complejos: el de castración y el de Edipo/Electra; así es que, don Víctor, si usted insiste en tener complejos, ¡elija!
Don Víctor: Apiádese de una vez, hombre de Dios, que me está usted volviendo neurasténico y ¡perdón por la expresión! Ya no sé lo que me digo, pero de lo que sí estoy seguro es de que España necesita un buen psicoanalista.
Don Hugo: Muy bueno tendrá que ser, y mejor aún su contra-transferencia, para que llegue a curar semejante vesania.








