
Don Hugo: Mire que nos corregían veces y veces lo de anteponer una preposición a otra. Cuánto no nos insistirían los maestros de entonces.
Don Víctor: Lo que se metieron con aquel eslogan de la CEDA que decía: «¡A por el 40!»
Don Hugo: Yo, como era niño, no sabía qué era eso.
Don Víctor: El 40% necesario para ganar las elecciones en primera vuelta.
Don Hugo: ¡Ah, caramba! por eso sus rivales, tan bien enseñados como nosotros, escribían debajo: «¡A por la gramática!»
Don Víctor: Por lo menos, don Hugo, en nuestra generación, no se nos ha ocurrido bajar «a por tabaco» y dejar plantada a la señora, como tanto se ha dado después.
Don Hugo: A eso conduce la permisividad y el aggiornamento de la Real Academia…
Don Víctor: Si me aguarda un momentito, voy a aprovechar este urinario público, que bien pocos van quedando.
Don Hugo: Mire a ver si todavía queda alguna de esas pegatinas de la CEDA que proclamaban que «Todo para el Jefe».
Don Víctor: Es verdad, recuerdo cómo los de izquierdas las acumulaban en torno a los retretes… En fin, espero que a pesar de la incuria municipal, no huelan demasiado mal.
Don Hugo: Quite, quite, don Víctor, recuerde usted lo que el emperador Vespasiano dijo cuando Tito le recriminó cobrar por utilizarlos.
Don Víctor: ¡Como hacen ahora en Atocha y en el aeropuerto!
Don Hugo: Y hacen bien porque, como dijo el emperador, «el dinero no tiene olor».








