
Don Hugo: Yo no quise decir nada porque con Planes-Bellmunt lo mejor es no discutir. Siempre ha de tener razón, pero ¡ponerse a descubrirnos a estas alturas a Elisabeth Schwarzkopf , la “soprano perfecta”, y decir que era infinitamente superior a Victoria de los Ángeles y a la Callas, incluso en el repertorio italiano!… ¡Por amor de Dios!
Don Víctor: Hombre, don Hugo, hay que reconocer que, no teniendo la voz potente, sí la manejaba con encomiable pulcritud y apreciable expresión.
Don Hugo: Ciertamente, pero su italiano… Es como aquello que escribe Blasco Ibáñez sobre otra cantante, que, aunque con voz agradable, “se le comprendía tan poco como cuando una bella alemana canta a la guitarra”.
Don Víctor: ¡No exagere usted tampoco, don Hugo! Es verdad que pasa un poco de puntillas sobre el italiano… y eso que se nota que lo ha preparado con la mayor aplicación, pero, claro, como los alemanes ignoran nuestro sonido de erre fuerte, lo prodigan cuando hablan en italiano o español, cayendo en la hipercorrección, que no deja de ser otro error.
Don Hugo: Claro. ¿Qué efecto hace la pobrecita Liù, de “Turandot”, nada más empezar su aria, diciendo al príncipe Calaf: “SignoRRe, ascolta…”?
Don Víctor: ¡Ni que fuera un agente de la Gestapo en una película americana!
Don Hugo: Pero que no es el único caso, don Víctor… que es que le pasa siempre… ¡Tener que escuchar a Mimì que vive en una “bianca cameRRetta” y que se acuerda del “grido d´amoRRe” de Rodolfo!
Don Víctor: En muchísimas ocasiones el acento extranjero en un personaje femenino llega a ser “sexy”; ahora bien, a este lado del limes, don Hugo, esas “RR”, tan extemporáneas, delatan el pelo de la dehesa.








