Don Hugo: Y, dígame, don Víctor, este doctor Jiménez Díaz, con ser tan importante, ¿tendría mucho repertorio? Don Víctor: Lo que sí me han dicho es que tenía un ojo clínico proverbial. Don Hugo: No, si yo me refería a esos chascarrillos médicos que se cuentan en las familias. Don Víctor: Ah, ¡es verdad!… MiSigue leyendo «Repertorio»
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Risas
Don Hugo: Entonces, según usted, don Víctor, yo represento el humor primigenio, paradisíaco, inocente. Don Víctor: Lo digo por oposición a mí, don Hugo. Esta noche, como Groucho, yo voy a presentar un humor artificioso, una verborrea que remite al intelecto y por tanto al pecado original. Don Hugo: Es cierto que detrás de losSigue leyendo «Risas»
Civiles y militares
Don Hugo: ¿Entonces tenía razón Churchill?… Don Víctor: Acaso sea demasiado seria para dejársela a los militares, pero también es cierto que la guerra la desencadenan los políticos… Don Hugo: Pienso en Hitler ordenando la invasión de Rusia contra el parecer de su Estado Mayor… Don Víctor: Churchill era al fin y al cabo mitadSigue leyendo «Civiles y militares»
De género chico
Don Víctor: Desengáñese usted, don Hugo, que nada permanece para siempre, por mucho que fueran cosas de «toda la vida», que parecían destinadas a sobrevivirnos. Don Hugo: ¿Le he contado aquello de uno que, bailando el chotis, llevaba una piedra a un lado de la bragueta y se arrimaba por ahí a la chica?… DonSigue leyendo «De género chico»
Guerra
Don Víctor: Me da a mí, don Hugo, que quien se esconde tras el pseudónimo de Avellaneda… Don Hugo: ¿El del falso Quijote? Don Víctor: ¡El mismo!… Creo que es Cristóbal Suárez de Figueroa. Don Hugo: ¿Cuál, el que tradujo «El pastor fiel» de Guarini? Don Víctor: Hombre, claro… ¿cuál iba a ser si no?Sigue leyendo «Guerra»
Volare
Don Víctor: No sé, don Hugo, si podré permanecer más tiempo aquí con usted, porque envuelto en este movimiento incesante de miríadas de criaturas ingrávidas precipitándose en estos cielos, temo que pueda marearme. Don Hugo: Aguante usted, don Víctor, que yo le tengo. Hágase a la idea de que somos como dos de esos ángelesSigue leyendo «Volare»
Cuernos
Don Víctor: ¿Y usted sabe, don Hugo, por qué San Mateo se quedó con el toro, y no San Marcos? Don Hugo: Pues para mí, don Víctor, que fue para despistar… para ahuyentar la leyenda esa que baldona a todo un evangelista con los cuernos. Don Víctor: De poco valió, porque el caritativo pueblo cristianoSigue leyendo «Cuernos»
Absurdos
Don Víctor: ¿Sabe usted, don Hugo, dónde comimos Julita y yo en Florencia esta vez? Don Hugo: Conociéndoles, no puede ser más que en el «Cocolazione» o en el «Bordino». Don Víctor: Sí, claro, ahí también, pero me refería ahora a una pizzería nueva que se llama «La Dantesca». Don Hugo: ¡Caramba, don Víctor, quéSigue leyendo «Absurdos»
Gula
Don Hugo: Viendo a este paquidermo, don Hugo, me viene a la mente lo que dijo un día a Dolores un albañil que vino a hacer una reforma a casa. Que él se comía una sandía entera. Ante el asombro de Dolores, le explicó que «primero, me como una mitad, echo un regüeldo, y meSigue leyendo «Gula»
Caballos
Don Víctor: Mire lo que le traigo, don Hugo: el cowboy de madera que me regaló mi madrina cuando tenía cinco años. Don Hugo: Se lo debería traspasar usted a su nieto Carlitos. Don Víctor: Sí, para que lo eche a un lado y siga todo el día con sus pantallitas… Don Hugo: Pues haceSigue leyendo «Caballos»