Don Víctor: ¿Y usted sabe, don Hugo, por qué San Mateo se quedó con el toro, y no San Marcos? Don Hugo: Pues para mí, don Víctor, que fue para despistar… para ahuyentar la leyenda esa que baldona a todo un evangelista con los cuernos. Don Víctor: De poco valió, porque el caritativo pueblo cristianoSigue leyendo «Cuernos»
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Absurdos
Don Víctor: ¿Sabe usted, don Hugo, dónde comimos Julita y yo en Florencia esta vez? Don Hugo: Conociéndoles, no puede ser más que en el «Cocolazione» o en el «Bordino». Don Víctor: Sí, claro, ahí también, pero me refería ahora a una pizzería nueva que se llama «La Dantesca». Don Hugo: ¡Caramba, don Víctor, quéSigue leyendo «Absurdos»
Gula
Don Hugo: Viendo a este paquidermo, don Hugo, me viene a la mente lo que dijo un día a Dolores un albañil que vino a hacer una reforma a casa. Que él se comía una sandía entera. Ante el asombro de Dolores, le explicó que «primero, me como una mitad, echo un regüeldo, y meSigue leyendo «Gula»
Caballos
Don Víctor: Mire lo que le traigo, don Hugo: el cowboy de madera que me regaló mi madrina cuando tenía cinco años. Don Hugo: Se lo debería traspasar usted a su nieto Carlitos. Don Víctor: Sí, para que lo eche a un lado y siga todo el día con sus pantallitas… Don Hugo: Pues haceSigue leyendo «Caballos»
Puesta de sol en el Retiro
Don Víctor: ¿Qué habría dicho Delvaux ante este monumento, él que tantas veces en sus pinturas parecía evocar los ocasos de Claude Lorrain, con esas ágoras sonámbulas tan suyas remojando sus basamentos en el mar? Don Hugo: Seguro que habría reconocido la influencia del francés, pero aquí a escala real, con un colosalismo que seSigue leyendo «Puesta de sol en el Retiro»
Máquinas
Don Víctor: Funciones como la de este «Manojo de rosas» le reconcilian a uno con los directores de escena. Don Hugo: ¡Maravillosa función!… Qué típico de aquella época que el galán sea aviador, ¿verdad, don Víctor? Don Víctor: Todos los chicos, entonces, queríamos ser aviadores… Don Hugo: Cómo nos fascinó el vuelo del Plus UltraSigue leyendo «Máquinas»
El Barceló
Don Hugo: Yo, de chico, veía esto y me parecía el no va más de la arquitectura, que en adelante las ciudades se harían todas así. Don Víctor: ¿Se puede usted creer, don Hugo, que mi padre tuvo que prohibirme que escribiera al periódico reclamando el derribo del delicuescente merenguito que sigue ocupando la SociedadSigue leyendo «El Barceló»
Coitus inerruptus
Don Hugo: ¿Y qué fue de aquel talante que tanto proclamara Zapatero? Don Víctor: Nunca llegó a decirnos si se trataba de «buen» o de «mal» talante. Siempre quedaba yo expectante a ver si lo aclaraba. Don Hugo: Me sacan de quicio las personas que no acaban las frases y que todo lo fían alSigue leyendo «Coitus inerruptus»
Los compañeros de Ulises
Don Hugo: ¡Don Víctor, don Víctor, déme usted albricias, que ya tengo la pieza que nos faltaba! Aquí tiene la calavera que nos ha prestado nuestro buen amigo, el doctor Planes-Bellmunt. Don Víctor: Vamos a juntarla con las otras tres: la frasca del siglo XVII que compré en Portobello Road, la réplica del stamnos conSigue leyendo «Los compañeros de Ulises»
Manierismos
Don Víctor: Le veo muy sonriente, don Hugo, para no haber encontrado lo que le encargó Dolores… Y eso que nos hemos tenido que venir hasta este puesto especial del Mercado de la Cebada. Don Hugo: Hombre, don Víctor, ¿no ha visto usted con qué gracia me ha despachado el dependiente?… «Se lamenta, caballero, yaSigue leyendo «Manierismos»