Don Víctor: Siempre que estoy viendo el fútbol, me pregunta Julita: «Pero cómo te puede entretener pasarte hora y media viendo a unos chicos corriendo detrás de una pelota?Don Hugo: Ahí es nada: ¡la eterna pelota! Nunca hubo ni habrá juguete tan perfecto… ¡Pero si es que es la esfera, don Víctor! ¡Dígaselo usted aSigue leyendo «Chicha y limoná»
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Florentinos
Don Hugo: Quiero que considere esta propuesta que leí hace años de un matemático inglés. A la vista de la progresión de las marcas deportivas femeninas en los últimos cincuenta años, en comparación con la progresión de las masculinas, las mujeres superarán a los varones en el plazo de cuarenta años.Don Víctor: No lo rebatoSigue leyendo «Florentinos»
Escritores españoles
Don Víctor: ¿Se da usted cuenta, don Hugo, de que antes mucha gente creía que Julio Verne, Alejandro Dumas y Víctor Hugo eran grandes escritores españoles?Don Hugo: Es verdad, lo hispanizábamos todo. Así incluso nos apropiamos también de la obra de Emilio Zola.Don Víctor: Si tengo yo en casa los dramas de Guillermo Shakespeare, queSigue leyendo «Escritores españoles»
Viejos
Don Hugo: Pero, don Víctor, ¿cómo se pone a cantar el «Pari siamo» ahora que salimos de «La Verbena de la Paloma»?Don Víctor: Yo mismo no me lo explico. La función me ha encantado y, sin embargo, tengo llena la cabeza de la música de Rigoletto.Don Hugo: Eso es que su subconsciente ha establecido unaSigue leyendo «Viejos»
Mundo, Demonio y saltamontes
Don Víctor: Le quiero decir una cosa, don Hugo. Por más que llevo años leyendo «Alfa y Omega» todas las semanas, todavía sigo sin aclararme sobre qué era aquello tan misterioso de «mundo, demonio y carne».Don Hugo: ¡Los enemigos del alma!… Le confieso a usted, don Víctor, que lo de la carne me trajo aSigue leyendo «Mundo, Demonio y saltamontes»
Una voz clama en el dsierto
Don Víctor: Fíjese, don Hugo, en el «Profeta» de Gargallo. ¿No cree usted que esa boca abocinada que truena en el desierto es la misma que llama al combate a los galos en «La Marsellesa» de Rude?Don Hugo: Tiene usted razón, don Víctor. Dos figuras que son todo voz. Ambas, qué duda cabe, nos remitenSigue leyendo «Una voz clama en el dsierto»
Dele tiempo
Don Víctor: Menos mal que ha parado usted, don Hugo, porque de lo contrario se eternizaba el pobre abuelo esperando en el paso de cebra.Don Hugo: Basta que las autoridades hagan campaña por algo, por muy razonable que sea, para que la gente haga exactamente lo contrario.. de tan toreada como está.Don Víctor: El puebloSigue leyendo «Dele tiempo»
Ser y devenir
Don Víctor: A la vista de este cielo vangoghiano uno se ve obligado a darle la razón a Heráclito, don Hugo.Don Hugo: No mire sólo el cielo, don Víctor. Vea también la iglesia de Saint Nectaire: impertérrita ante toda esta ebullición, pregonando la permanencia del ser y dándole la razón a Parménides.Don Víctor: No dudeSigue leyendo «Ser y devenir»
Iconos
Don Hugo: Al final del partido, no sé si usted lo vio, Robben se acercó a saludar a su mujer y a su hijito. Incomprensiblemente, el pequeño rompió a llorar como si conociera en la expresión de su padre el dolor de la derrota ante Argentina.Don Víctor: ¡Claro que lo vi, don Hugo! Fue loSigue leyendo «Iconos»
Amistad
Don Víctor: Mire, don Hugo, ya he encontrado el disco aquel del que le hablaba.Don Hugo: ¡Hombre, qué bien, don Víctor!, ¡»Dúos de amistad» de Giuseppe Verdi!… Cuántas veces estos grandes amigos no terminarán acuchillándose!…Don Víctor: Como precisamente casi ocurre con los «dos amigos» de «El Curioso Impertinente».Don Hugo: Es verdad, aunque afortunadamente muchos hanSigue leyendo «Amistad»