Florentinos

Don Hugo: Quiero que considere esta propuesta que leí hace años de un matemático inglés. A la vista de la progresión de las marcas deportivas femeninas en los últimos cincuenta años, en comparación con la progresión de las masculinas, las mujeres superarán a los varones en el plazo de cuarenta años.
Don Víctor: No lo rebato si matemáticamente está demostrado… pero ¿esa verdad matemática coincide con la verdad fisiológica de nuestra especie?
Don Hugo: Mucho me temo, don Víctor, que ni nuestro sesudo matemático pondría la mano en el fuego por ello.
Don Víctor: Entonces, ¿a qué semejante provocación intelectual?
Don Hugo: Este matemático se limita a reivindicar su perspectiva. Sin ella no sería nadie.
Don Víctor: Recuerde cómo el mismo Sartre, filósofo de la libertad, llega a afirmar sin ruborizarse que, como todos escogemos libremente todo cuanto nos incumbe, incluso el mayor loco de atar habría elegido su patología.
Don Hugo: Eso choca frontalmente con la perspectiva de Freud, que no es cualquier perspectiva.
Don Víctor: ¿Estaría la verdad entonces en ese inalcanzable cruce entre las infinitas y muy distintas perspectivas, como sugiere Ortega?
Don Hugo: ¿Quién sabe? A lo mejor estamos más cerca de lo que pensamos del punto omega que profetizara Teilhard de Chardin…
Don Víctor: Sin filosofar tanto, volvamos los ojos a Josep Pla, quien no concebía lo universal si no era desde lo local. No podemos reducirnos a ser meros compiladores críticos de todos los puntos de vista. Tenemos el imperativo de ser nosotros, de avanzar hacia intuiciones y conclusiones propias, a forjarnos unos criterios…
Don Hugo: … y, en definitiva, a no apearnos de nuestra perspectiva.
Don Víctor: Está usted hecho todo un florentino, don Hugo… ¡Viva la perspectiva!

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