Don Hugo: No se va a creer usted lo que me respondió el otro día Planes-Bellmunt cuando hablábamos de Valle -Inclán. Le conté aquello de que mi hermana Herminia supo por boca de la propia hija del escritor, que fue compañera suya de colegio… Don Víctor: Ah, sí, que para él los versos más bellosSigue leyendo «Elitismo tonto»
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Ciudades paralelas
Don Víctor: Se lo aseguro a usted, don Hugo: cada vez que cruzo los propileos, me conmueve cómo la arquitectura ideal de los griegos era capaz de edificar a sus ciudadanos. Don Hugo: Sí, y su pendant educativo fue el teatro, que los acostumbró a escuchar los alegatos de los héroes, a emocionarse con losSigue leyendo «Ciudades paralelas»
La vuelta al mundo
Don Víctor: Anoche estábamos Julita y yo viendo “La femme d´à côté”, de Truffaut, y nos hizo mucha gracia que el marido de Fanny Ardant la animara a ponerse aquel vestido tan atrevido “donde quieras, cuando quieras y con quien quieras”. Don Hugo: ¡Qué pícaro Truffaut con tal de enseñarnos las maravillosas piernas de Fanny!Sigue leyendo «La vuelta al mundo»
Homogeneización
Don Hugo: Y esta otra cita, don Víctor, ¿a qué etapa de la evolución tecnológica corresponde: “El progreso tecnológico paraliza los impulsos vitales de la imaginación y hace que la técnica pase de instrumento a modelo de acción, amén de aislar a los hombres del contacto vital con la realidad natural”? Don Víctor: Está claro:Sigue leyendo «Homogeneización»
Ley Celaá
Don Hugo: Le ruego, don Víctor, que se deje de una vez de ironías y no me interrumpa hasta que acabe el párrafo, por mucho que le cueste. Don Víctor: De acuerdo, de acuerdo, don Hugo, acabemos con esto cuanto antes ya que se empeña. Don Hugo (leyendo:) «Una propuesta competencial, que contempla ámbitos curricularesSigue leyendo «Ley Celaá»
Bombones y aceite
Don Hugo: No falla, don Víctor. Cada vez que visito una exposición de los impresionistas, especialmente de Renoir, vuelvo a casa con una cajita de bombones para Dolores. Don Víctor: Pues yo, don Hugo, cada vez que, en Atocha, paso por delante de El Brillante con sus bocadillos de calamares, lo dejo todo y corroSigue leyendo «Bombones y aceite»
Oreille
Don Víctor: Desde luego su prima Rosa es la señora más guapa y elegante que he tratado en mi vida. Don Hugo: ¡Pues si la hubiera usted conocido de cría!… Fíjese que por ella hube de renunciar a ser poeta. Don Víctor: ¿Y cómo es eso, don Hugo? Don Hugo: Por más vueltas que leSigue leyendo «Oreille»
Profesionalidad
Don Víctor: Lo mejorcito que he visto en el cine en cuanto a explicación visual de un acto que en circunstancias normales pasa desapercibido. ¡Qué precisión, qué sucesión de imágenes tan bien planteada!… Don Hugo: Es que Bresson es mucho Bresson y lo borda en “Pickpocket”. Don Víctor: En el metro los dos compinches danSigue leyendo «Profesionalidad»
Diosas de carne
Don Hugo: Don Víctor, dígame, ¿ya se encuentra usted algo mejor, menos mareado? Don Víctor: Completamente recuperado. Siento haberle estropeado la visita… Don Hugo: Nada de eso. Su conmoción puede resultar esclarecedora. Cuéntemelo todo desde el principio. Don Víctor: No era la primera vez que veía en directo los mármoles de Elgin, pero nunca conSigue leyendo «Diosas de carne»
La virtud en la mujer
Don Hugo: Desde luego, ya es puntería que los tres fueran a enamorarse de mujeres casadas, amén de irreprochables esposas. Don Víctor: Afortunadamente para nosotros, don Hugo, y para la fama de los propios autores. Don Hugo: Eso por descontado, don Víctor. Su deseo imposible les genera una tensión psíquica tal que, exacerbando su fantasía,Sigue leyendo «La virtud en la mujer»