Sui generis

Don Hugo: Esas cosas que se hacían antes… alquilaron entre unos cuantos burgueses desocupados el teatro Jovellanos nada menos y allí llevaron al pobre Nicanor a demostrar científicamente que Einstein se equivocaba. Aplicó la luz de un flexo sobre una báscula y, al comprobar que los platillos no se movían, exclamó triunfante: “La luz noSigue leyendo «Sui generis»

Los muslos del brutalismo

Don Víctor: Vísceras, tripas, tendones, huesos… me parece estar ante un enorme hombre clástico. Don Hugo: Recuerdo el que teníamos en el laboratorio del Instituto para que montáramos y desmontáramos los principales músculos y órganos. Y siempre había algún gracioso que le colocaba un sobrero en la cabeza y un cigarrillo en la boca. DonSigue leyendo «Los muslos del brutalismo»

Stendhal o las cervicales

Don Hugo: “De tanto mirar las flores, me duele el colodrillo”. Don Víctor: ¿Eso es de Ramón? Don Hugo: No, aunque pueda parecerlo, sino del poeta japonés Söin. Don Víctor: Qué introvertidos fueron siempre los japoneses hasta la revolución Meiji. Don Hugo: Claro, y ahora, en cambio, les encantan los rascacielos y emplean sus sieteSigue leyendo «Stendhal o las cervicales»

Se acabó la guerra

Don Víctor: ¡Qué rasgo tan caballeresco el de Carlos V comportándose como el primer soldado de sus ejércitos lo mismo en Túnez que en Mühlberg! Fue en ello el último rey medieval. Don Hugo: Hombre, don Víctor, aunque no tan gallardo, también Napoleón III condujo personalmente a sus huestes hasta la derrota de Sedán. DonSigue leyendo «Se acabó la guerra»