Don Víctor: “El barco daba bandazos, batido por unas olas, que ríase usted de las del naufragio de Turner… todo el pasaje amedrentado… la tripulación nunca había visto nada igual…” Don Hugo: Pero, ¿dónde fue eso, don Víctor? Don Hugo: Lo que le digo, don Hugo… cuando Isidro Cuenca cruzó en barco el estrecho deSigue leyendo «Las fanfarrias de Isidro Cuenca»
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Daoíz y Velarde
Don Víctor: El arco, don Hugo, es feo, pero honrado; al fin y al cabo es más o menos la entrada del primitivo cuartel… pero las estatuas… Don Hugo: Sí, don Víctor, es que es un diseño que parece más apropiado para un relieve… Don Víctor: Mi abuela, que era una guasona tremenda, me dijoSigue leyendo «Daoíz y Velarde»
Perspectiva y confianzas
Don Hugo: Se lo tengo que demostrar a usted, don Víctor, en cuanto que volvamos a Madrid. Admito la corrección de esta perspectiva en lo arquitectónico… Don Víctor: Esa bóveda con casetones volatiliza visualmente el muro. Don Hugo: … también se ha logrado en los donantes y en la Virgen y san Juan a losSigue leyendo «Perspectiva y confianzas»
Nuca
Don Hugo: Don Víctor, que nos hemos quedado pasmados como en una pintura de «Susana y los Viejos». Don Víctor: ¿Qué tendrá la nuca femenina que uno queda «medusizado», que diría un francés? Don Hugo: Entre otras cosas, ese «delicioso vello de almendra» de que habla Gabriel Miró… Don Víctor: … el mismito que pintaSigue leyendo «Nuca»
Sui generis
Don Hugo: Esas cosas que se hacían antes… alquilaron entre unos cuantos burgueses desocupados el teatro Jovellanos nada menos y allí llevaron al pobre Nicanor a demostrar científicamente que Einstein se equivocaba. Aplicó la luz de un flexo sobre una báscula y, al comprobar que los platillos no se movían, exclamó triunfante: “La luz noSigue leyendo «Sui generis»
Los muslos del brutalismo
Don Víctor: Vísceras, tripas, tendones, huesos… me parece estar ante un enorme hombre clástico. Don Hugo: Recuerdo el que teníamos en el laboratorio del Instituto para que montáramos y desmontáramos los principales músculos y órganos. Y siempre había algún gracioso que le colocaba un sobrero en la cabeza y un cigarrillo en la boca. DonSigue leyendo «Los muslos del brutalismo»
Tu pupila azul
Don Hugo: Tiene razón Juan Ramón al afirmar que la poesía española moderna no puede explicarse sin Bécquer… ahora bien, ¿no le parece a usted, don Víctor, que a los poetas, con aquello de su vuelo y su inspiración por encima de los mortales, se les consienten demasiadas licencias? Don Víctor: No se deje ustedSigue leyendo «Tu pupila azul»
Stendhal o las cervicales
Don Hugo: “De tanto mirar las flores, me duele el colodrillo”. Don Víctor: ¿Eso es de Ramón? Don Hugo: No, aunque pueda parecerlo, sino del poeta japonés Söin. Don Víctor: Qué introvertidos fueron siempre los japoneses hasta la revolución Meiji. Don Hugo: Claro, y ahora, en cambio, les encantan los rascacielos y emplean sus sieteSigue leyendo «Stendhal o las cervicales»
Lumbreras
Don Hugo: Don Víctor, ¿le ha dado algo? Parece usted ese personaje de Tolstoï que se tumba a contemplar la noche estrellada después de la batalla y siente el vértigo de su pequeñez. Don Víctor: Estaba acordándome de aquello que dice San Pablo de las lumbreras… Don Hugo: ¿en la segunda a los filipenses?… ¡QuéSigue leyendo «Lumbreras»
Depardieu
Don Víctor: Una cosa se ha dejado en el tintero… Don Hugo: ¿Depardieu? ¡Imposible! Si lo ha hecho todo: desde el tribuno Dantón al cazurro de Obélix… Don Víctor: Sí, es verdad… viticultor en el Anjou y prospector de petróleo en Cuba… Don Hugo: Jean Valjean en «Los Miserables» o Maheu en «Germinal» y GeorgesSigue leyendo «Depardieu»