Las fanfarrias de Isidro Cuenca

Don Víctor: “El barco daba bandazos, batido por unas olas, que ríase usted de las del naufragio de Turner… todo el pasaje amedrentado… la tripulación nunca había visto nada igual…” Don Hugo: Pero, ¿dónde fue eso, don Víctor? Don Hugo: Lo que le digo, don Hugo… cuando Isidro Cuenca cruzó en barco el estrecho deSigue leyendo «Las fanfarrias de Isidro Cuenca»

Perspectiva y confianzas

Don Hugo: Se lo tengo que demostrar a usted, don Víctor, en cuanto que volvamos a Madrid. Admito la corrección de esta perspectiva en lo arquitectónico… Don Víctor: Esa bóveda con casetones volatiliza visualmente el muro. Don Hugo: … también se ha logrado en los donantes y en la Virgen y san Juan a losSigue leyendo «Perspectiva y confianzas»

Sui generis

Don Hugo: Esas cosas que se hacían antes… alquilaron entre unos cuantos burgueses desocupados el teatro Jovellanos nada menos y allí llevaron al pobre Nicanor a demostrar científicamente que Einstein se equivocaba. Aplicó la luz de un flexo sobre una báscula y, al comprobar que los platillos no se movían, exclamó triunfante: “La luz noSigue leyendo «Sui generis»

Los muslos del brutalismo

Don Víctor: Vísceras, tripas, tendones, huesos… me parece estar ante un enorme hombre clástico. Don Hugo: Recuerdo el que teníamos en el laboratorio del Instituto para que montáramos y desmontáramos los principales músculos y órganos. Y siempre había algún gracioso que le colocaba un sobrero en la cabeza y un cigarrillo en la boca. DonSigue leyendo «Los muslos del brutalismo»

Stendhal o las cervicales

Don Hugo: “De tanto mirar las flores, me duele el colodrillo”. Don Víctor: ¿Eso es de Ramón? Don Hugo: No, aunque pueda parecerlo, sino del poeta japonés Söin. Don Víctor: Qué introvertidos fueron siempre los japoneses hasta la revolución Meiji. Don Hugo: Claro, y ahora, en cambio, les encantan los rascacielos y emplean sus sieteSigue leyendo «Stendhal o las cervicales»