Don Víctor: Óigame usted, don Hugo, ¿queda mucho para llegar?, que esta cuesta no acaba nunca. ¿Adónde vamos exactamente? Don Hugo: No se preocupe usted, don Víctor, que, según la guía Michelín -que nunca miente-, estamos a punto de llegar a un miradouro ¡con tres estrellas! Don Víctor: Si lo dice la guía Michelín, habránSigue leyendo «Platón, Aristóteles y la guía Michelín»
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Pobre Cavaradossi
Don Víctor: ¡Yo no quiero morirme nunca, don Hugo! Don Hugo: ¡A mí me pasa igual, don Víctor! Como a Cavaradossi: “Io non ho amato mai tanto la vita”. Don Víctor: ¿Cree usted que esto que nos pasa tiene solución? Don Hugo: ¡Quia! Cómo resignarse a la decrepitud… Don Víctor: Pues imagínese usted entonces ¡dejarSigue leyendo «Pobre Cavaradossi»
Sonámbulos
Don Víctor: Menos mal que lo encuentro, don Hugo. ¿Qué le ha parecido la experiencia? Don Hugo: ¡Demoledora! Nunca pensé pasarlo tan mal entre tantas maravillas. Don Víctor: ¡Pero qué me dice!, ¿No ha multiplicado su placer el escuchar tan aclaradores análisis en presencia de estas obras maestras?… Don Hugo: Si no he visto nada…Sigue leyendo «Sonámbulos»
Perfiles
Don Hugo: ¿Ha considerado usted alguna vez su nariz, don Víctor? Porque yo me he parado a pensar que la mía da indicios de antepasado judío converso… Don Víctor: Qué cosas tiene usted, don Hugo… Don Hugo: Al fin y al cabo miles de hebreos se bautizaron para salvar pellejo y hacienda. Qué no leSigue leyendo «Perfiles»
Catatimia
Don Víctor: No comprendo cómo todavía no lo han suprimido. Don Hugo: ¿El qué, el semáforo? Pues ya me contará usted, don Víctor, si ya lo respetamos poco, como lo quitaran, a ver quién es el guapo que se atreve a cruzar la calle. Don Víctor: Me refiero al disco amarillo, don Hugo, pues… exactamenteSigue leyendo «Catatimia»
A vueltas con los hermanos Marx
Don Hugo: Ya que las señoras van esta tarde de compras, le sugiero que usted y yo veamos una película antigua. Don Víctor: Con tal de que no sea de Maurice Chevalier… Don Hugo: No, ¡de los hermanos Marx! Don Víctor: Hombre, aquí, en París, no parece lo más propio… Don Hugo: Es que quieroSigue leyendo «A vueltas con los hermanos Marx»
El autobús de Adler
Don Víctor: A veces pienso, don Víctor, si viviremos mucho más… Don Hugo: Destierre usted esos pensamientos, don Víctor; pero ¿es que no leyó usted el libro que le presté de Adler, el psicoanalista? Don Víctor: Ahora mismo no caigo… Don Hugo: Da igual. Dice que cuando uno sueñe que pierde el tren, debe esforzarseSigue leyendo «El autobús de Adler»
La Sierra
Don Víctor: Y mire por detrás cómo se asoma la Sierra. Don Hugo: Desde aquí la vemos completa. Don Víctor: ¿Usted cree de verdad, don Hugo, que los madrileños la aprecian? Don Hugo: No sé qué decirle, don Víctor, porque parece que presumamos de ella más de lo que la disfrutamos. Don Víctor: La verdadSigue leyendo «La Sierra»
En el Gijón
Don Víctor: ¡Qué malo era el Valdepeñas que servían en Madrid en todas partes! ¿Se acuerda usted, don Hugo? Don Hugo: Mientras que ahora no hay vino malo en España. Don Víctor: ¿Y qué me dice usted del jamón de hoy y de los embutidos? Don Hugo: Si hasta nos permitimos tener ostras de Arcachon,Sigue leyendo «En el Gijón»
Ripios
Don Víctor: Lamento mucho tener que decirlo, don Hugo, pero hay que admitir que incluso nuestros más grandes poetas han incurrido en feos ripios. Don Hugo: Pero, ¿se refiere usted, don Víctor, a los grandes grandes, a los de nuestro Siglo de Oro? Don Víctor: Me temo que sí. El mismo Quevedo, con sus “idos”Sigue leyendo «Ripios»