Don Hugo: ¡Cuánto le he agradecido siempre, don Víctor, que me invitara tantas veces a ir con usted al Campo del Gas, a las veladas boxísticas, animadas por Bobby Deglané! Don Víctor: ¡Qué recuerdos, don Hugo!… ¡Y cómo quedó atrás toda aquella efervescencia de los Urtain, Pepito Legrá, Carrasco, Dum Dum Pacheco, Perico Fernández…! DonSigue leyendo «Poli Díaz y Fortuny»
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Un, dos, tres, responda otra vez
Don Víctor: Hoy, don Hugo, le toca a usted empezar. Don Hugo: Indiscutiblemente, el primero es don Miguel de Unam1. Don Víctor: Voy yo: el segundo, don Benito Pérez Gal2. Don Hugo: Al más grande le falla el apellido: don Miguel de Cervan3. Don Víctor: Il Tasso, don Tor4. Don Hugo: Eso no vale; noSigue leyendo «Un, dos, tres, responda otra vez»
Gitanos españoles
Don Víctor: Creo que era Liszt quien despreciaba la música de los zíngaros pues, en su opinión, no hacían más que desvirtuar el folklore húngaro. Don Hugo: Sí, hasta el punto de que cuando nos los mencionan, lo primero que nos viene a la cabeza es un grupo de gitanos haciendo bailar, con sus violines,Sigue leyendo «Gitanos españoles»
El arte de la política
Don Víctor: No, no, hemos de hacer noche allí porque la misa empieza a las nueve. Don Hugo: ¡Ah, qué bien! Tengo que decírselo a Dolores y también que reserve mesa para cuatro la noche anterior en la Venta de Aires. Don Víctor: Lástima que ya no esté Dupré porque este plan le hubiera encantado.Sigue leyendo «El arte de la política»
Valor, agravio y mujer
Don Hugo: Don Víctor, como usted, me temía lo peor: un montaje de esos geniales, los actores vestidos de mamarrachos y un texto deturpado según las ideologías a la moda. ¡Pues no! Don Víctor: Sí, pero seguro que los actores, como viene siendo habitual, más que declamar con buena escuela, emitían mucho aire y pocoSigue leyendo «Valor, agravio y mujer»
Siempre en guardia
Don Víctor: Ahí los tiene usted, don Hugo, con la barba sobre el hombro, como aquellos conquistadores en América, siempre bajo la amenaza de los indígenas acechantes. Don Hugo: Como que en el momento más inesperado, sale el indio flechero a darles rebatos. Don Víctor: En el caso de los españoles, cabe hablar de épica;Sigue leyendo «Siempre en guardia»
Torquemadas progresistas
Don Hugo: Mire, don Víctor, ya lo he encontrado: “Me niego a traducir esta parte del parlamento para no herir la sensibilidad del lector”. Recordará usted cosas como ésta cuando leyera de joven a Aristófanes. Don Víctor: Y otras aún más indignantes todavía cuando suplantaban alguna obscenidad con una insultante inanidad. Don Hugo: También mireSigue leyendo «Torquemadas progresistas»
La pareja
Don Víctor: Total, que la directora de la Guardia Civil tiene que dimitir, y cito textualmente, porque su “pareja” ha delinquido. Don Hugo: ¿Su pareja? ¿Cuál de ellas? La Benemérita tiene miles de parejas. ¿Serán sus dos escoltas? Don Víctor: ¡Quia! Todo por no decir su “marido”. Eso parece que ya no existe… Su pareja:Sigue leyendo «La pareja»
Abscisas y ordenadas
Don Hugo: No me negará usted, don Víctor, que los países escandinavos hayan construido unas social-democracias que equilibran la garantía de la libertad individual con un Estado protector que aminore las diferencias sociales, prestando así unos magníficos servicios públicos. Don Víctor: Sí, claro, y no sólo ellos, don Hugo. Acuérdese de la Inglaterra de losSigue leyendo «Abscisas y ordenadas»
Entre la acedia y el spleen
Don Víctor: ¡Qué interesante la conferencia que nos ofreció ayer Dupré!… por momentos se me interponía la imagen de aquella estela que vimos en Atenas. No creo que nunca se hayan labrado monumentos funerarios más bellos que los de los griegos. Don Hugo: ¡Ah, claro, se refiere usted a aquélla del soldado sentado melancólicamente enSigue leyendo «Entre la acedia y el spleen»