Torquemadas progresistas

Don Hugo: Mire, don Víctor, ya lo he encontrado: “Me niego a traducir esta parte del parlamento para no herir la sensibilidad del lector”. Recordará usted cosas como ésta cuando leyera de joven a Aristófanes. Don Víctor: Y otras aún más indignantes todavía cuando suplantaban alguna obscenidad con una insultante inanidad. Don Hugo: También mireSigue leyendo «Torquemadas progresistas»

Abscisas y ordenadas

Don Hugo: No me negará usted, don Víctor, que los países escandinavos hayan construido unas social-democracias que equilibran la garantía de la libertad individual con un Estado protector que aminore las diferencias sociales, prestando así unos magníficos servicios públicos. Don Víctor: Sí, claro, y no sólo ellos, don Hugo. Acuérdese de la Inglaterra de losSigue leyendo «Abscisas y ordenadas»

Entre la acedia y el spleen

Don Víctor: ¡Qué interesante la conferencia que nos ofreció ayer Dupré!… por momentos se me interponía la imagen de aquella estela que vimos en Atenas. No creo que nunca se hayan labrado monumentos funerarios más bellos que los de los griegos. Don Hugo: ¡Ah, claro, se refiere usted a aquélla del soldado sentado melancólicamente enSigue leyendo «Entre la acedia y el spleen»

¡De toda la vida!

Don Víctor: ¡Ya hubiera querido Théophile Gautier, con este solazo que cae sobre España, probar un gazpacho como éste y no el que le dieron en Granada! Don Hugo: Pero, don Víctor, ¡si allí lo preparan estupendamente!, ¡como que no vale nada esa vega que tienen! Don Víctor: Ahora que somos todos ricos, don Hugo…Sigue leyendo «¡De toda la vida!»

Ardides de bárbaro

Don Hugo: Tenía que ser Racine quien diera con la expresión “décocher la flèche des Parthes”, “disparar la flecha de los partos”. Don Víctor: Sí, don Hugo, era fama que aquellos bárbaros del Asia Anterior fingían la huida para estimular la persecución del enemigo, que se creía así victorioso; luego, dejándose ganar terreno, se dabanSigue leyendo «Ardides de bárbaro»