Don Hugo: Ya sé cuál es el poema que quiere usted mostrarme, don Víctor. Don Víctor: No, no es eso. Quería enseñarle el prólogo… lo que decíamos el otro día… ¿es que en esos años no hubo un libro que no fuera prologado por don Prologorio? Don Hugo: ¡El doctor Gregorio Marañón! Veo que tambiénSigue leyendo «Endocrinología»
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Ricos de aquí, ricos de allá
Don Víctor: ¡Ya lo tengo, don Hugo! Escuche: “¿Por qué no existen grandes y potentes instituciones de cultura con espíritu liberal en la zona libre exterior del Estado en donde han prosperado las de la Iglesia?…” Don Hugo: ¡Y mire que no se habrán amontonado aquí fortunas portentosas ni encumbrado durante siglos grandes dinastías aristocráticas!Sigue leyendo «Ricos de aquí, ricos de allá»
A la española
Don Víctor: Estaba yo en el salón leyendo a Gabriel Miró cuando oí a Julita riendo a carcajadas en la alcoba. Hablaba por teléfono y pensé que sería con Dolores, que le estaría contando nuestro proyecto de ese viaje agro-turístico por Hungría para rebatir a Liszt. Don Hugo: Pero, don Víctor, no puede ser… ¡siSigue leyendo «A la española»
Ombra mai fu
Don Hugo: Un poco más de discreción, don Víctor, que se le va a molestar Julita… Don Víctor: Pero, don Hugo, si sólo me tomé un tiramisù, y, ¡qué diantre!, un día es un día, que hacía lo menos una semana que no cenábamos juntos. Don Hugo: No es eso, don Víctor, me refiero aSigue leyendo «Ombra mai fu»
Héroes jóvenes
Don Víctor: Dígame, don Hugo: ¿por qué esos tres y no, por ejemplo, Perseo y Jasón? Don Hugo: Teseo se enfrentó al Minotauro, un monstruo, y Jasón, para hacerse con el Vellocino de Oro, hubo de someter a un toro sobrenatural y vencer a un ejército de soldados sobrehumanos, monstruos también al fin y alSigue leyendo «Héroes jóvenes»
Caín y Abel
Don Hugo: La humanidad imagina a Dios rumiando su nostalgia de aquel Paraíso que con tanto cariño ajardinó en el Oriente. Don Víctor: Y, sin embargo, bien sabía Él que, adornando con el libre albedrío a la última de sus criaturas, ésta levantaría el vuelo y abandonaría el nido protector. ¿No es cierto, don Hugo?Sigue leyendo «Caín y Abel»
Saludos
Don Víctor: Parece mentira, don Hugo, que nos toque ver otra vez el escarnio de la democracia, el fortalecimiento de los regímenes autoritarios y la expansión del espíritu inquisitorial. Don Hugo: Como esto siga así, don Víctor, nos veo saludándonos los unos agarrándose el cuerno y los otros alargando la mano a ver si llueve.Sigue leyendo «Saludos»
Espacio-Tiempo
Don Hugo: Pero, don Víctor, según hablamos, no para usted de dar vueltas a mi alrededor cada vez más deprisa… ¿Qué tiene usted, hombre, si parece el segundero de un derviche? Don Víctor: Perdone, don Hugo, no me había dado cuenta, pero ahora que menciona usted el segundero, le confieso que esta plática me estáSigue leyendo «Espacio-Tiempo»
Voci parallele
Don Víctor: ¡Qué cabezas tan operísticas las de don Miguel y don Benito! Don Hugo: Para mí, un par de ejemplos los hermanan: el de Triste, en “O´Donnell”, y el del joven noble que se disfraza de arriero en el Quijote. Don Víctor: ¡Es verdad, don Hugo!… en ambos casos, bajo una mala facha seSigue leyendo «Voci parallele»
Hagiografías
Don Hugo: No se crea usted, don Víctor, que algunos chistes, por burdos que sean, delatan un origen culto e incluso sacro. Don Víctor: ¡Ya lo adivino! Escuche, don Hugo: -Pero, ¡cómo hace usted para mantenerse tan joven? -No discutir con nadie. -Hombre, ¡no será por eso! -Ah, ¡pues no será! Don Hugo: No, ¡ése,Sigue leyendo «Hagiografías»