Don Víctor: Le quiero decir una cosa, don Hugo. Por más que llevo años leyendo «Alfa y Omega» todas las semanas, todavía sigo sin aclararme sobre qué era aquello tan misterioso de «mundo, demonio y carne».Don Hugo: ¡Los enemigos del alma!… Le confieso a usted, don Víctor, que lo de la carne me trajo aSigue leyendo «Mundo, Demonio y saltamontes»
Archivo del autor: Troupe del Cretino
Una voz clama en el dsierto
Don Víctor: Fíjese, don Hugo, en el «Profeta» de Gargallo. ¿No cree usted que esa boca abocinada que truena en el desierto es la misma que llama al combate a los galos en «La Marsellesa» de Rude?Don Hugo: Tiene usted razón, don Víctor. Dos figuras que son todo voz. Ambas, qué duda cabe, nos remitenSigue leyendo «Una voz clama en el dsierto»
Dele tiempo
Don Víctor: Menos mal que ha parado usted, don Hugo, porque de lo contrario se eternizaba el pobre abuelo esperando en el paso de cebra.Don Hugo: Basta que las autoridades hagan campaña por algo, por muy razonable que sea, para que la gente haga exactamente lo contrario.. de tan toreada como está.Don Víctor: El puebloSigue leyendo «Dele tiempo»
Ser y devenir
Don Víctor: A la vista de este cielo vangoghiano uno se ve obligado a darle la razón a Heráclito, don Hugo.Don Hugo: No mire sólo el cielo, don Víctor. Vea también la iglesia de Saint Nectaire: impertérrita ante toda esta ebullición, pregonando la permanencia del ser y dándole la razón a Parménides.Don Víctor: No dudeSigue leyendo «Ser y devenir»
Iconos
Don Hugo: Al final del partido, no sé si usted lo vio, Robben se acercó a saludar a su mujer y a su hijito. Incomprensiblemente, el pequeño rompió a llorar como si conociera en la expresión de su padre el dolor de la derrota ante Argentina.Don Víctor: ¡Claro que lo vi, don Hugo! Fue loSigue leyendo «Iconos»
Amistad
Don Víctor: Mire, don Hugo, ya he encontrado el disco aquel del que le hablaba.Don Hugo: ¡Hombre, qué bien, don Víctor!, ¡»Dúos de amistad» de Giuseppe Verdi!… Cuántas veces estos grandes amigos no terminarán acuchillándose!…Don Víctor: Como precisamente casi ocurre con los «dos amigos» de «El Curioso Impertinente».Don Hugo: Es verdad, aunque afortunadamente muchos hanSigue leyendo «Amistad»
Florencia
Don Hugo: ¿Don Víctor, qué tendrá el aire de esta ciudad que ha dado tantos artistas geniales?… ¿Usted cree que mi inhalación pulmonar de este venticello toscano está mejorando siquiera un poquitín mis trazos?Don Víctor: Va usted bien, don Hugo, aunque lo que tenemos a la vista, es difícil emularlo.Don Hugo: Ayer releí a VasariSigue leyendo «Florencia»
Pereza
Don Hugo: Don Víctor, de hoy no pasa. Ahora mismo se sacude usted de encima esa abulia de los últimos días. ¡Venga!Don Víctor: Deje, deje, don Hugo, ¿no recuerda usted cómo María agradó más a Nuestro señor con su adoración contemplativa que la azacanada Marta desviviéndose por obsequiarlo?Don Hugo: Usted sabe bien, don Víctor, queSigue leyendo «Pereza»
Obscenos
Don Víctor: Mire usted, don Hugo, lo que dice Kerry. Le parece «obsceno» que Al -Assad recurra a las armas químicas.Don Hugo: De qué se me escandaliza usted, don Víctor, si eso está a la orden del día. ¿No llaman también «obscenidad» a la ostentación de riqueza en determinadas circunstancias?Don Víctor: ¡Es verdad! También resultaSigue leyendo «Obscenos»
Filosofía
Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿qué me hace usted sacando esos recortes ante el pensador de Rodin con el frío que hace en Pamplona?Don Hugo: Calle y escuche, don Víctor. El primero: «La filosofía del compartir sacude la economía real».Don Víctor: No sé si atribuir la cita a Mario Draghi o a Paquirrín.Don Hugo: ElSigue leyendo «Filosofía»