¿Dónde están las llaves?

Don Hugo: ¡No me diga usted, don Víctor!… A mí también me ha inspirado un sueño el relato de Supervielle, “La niña de alta mar”… pero, cuénteme usted primero el suyo. Don Víctor: Volví a sentir la misma angustia que me acongojó aquella vez en que fuimos a la Comédie Française a ver “La vozSigue leyendo «¿Dónde están las llaves?»

Ven, Muerte, tan escondida

Don Víctor: Estoy recordando ahora el libro de Giorgio Bocca , “Il provinciale”, que me prestó usted hace unos años. Me impresionó grandemente la figura de aquel partisano francés, Loulou, que combatía en Italia, independiente y solitario,  in cerca della morte o della vendetta. Don Hugo: Sí, don Víctor, se decía que los alemanes habíanSigue leyendo «Ven, Muerte, tan escondida»

¿Suelto o recogido?

Don Hugo: Caído el vestido, ya sólo falta que se suelte el pelo. Don Víctor: Hay mucho disimulo y mucha ambigüedad en este Veronese, don Hugo. Fíjese que mientras el marido contempla arrobado lo que al espectador se le oculta, el amante, fingiéndose distraído, desliza un billete amoroso entre los dedos de la bella. DonSigue leyendo «¿Suelto o recogido?»

Voz profunda

Don Hugo: ¡Que no, que no, don Víctor! Déjese de romanticismos… ¡que es cuestión de hercios!… La voz femenina ha disminuido en veinticinco hercios en tres décadas. Está ahora, por término medio, en doscientos seis. Don Víctor: ¡Inapelable! Don Hugo: Ya sabía lo que se hacía la señora Thatcher cuando se entrenaba tanto para bajarSigue leyendo «Voz profunda»

Diálogo de Byron y el Arcipreste

Don Hugo: Pero, ¿podrían ser las dos, alegorías de un mismo país? Don Víctor: Byron, don Hugo, no tiene duda: no existen en Inglaterra pies femeninos tan menudos, tan gráciles, tan expresivos, ni de tan fina hechura, como los de las gaditanas. ¡Vamos, que no piensa volver nunca más a Inglaterra! Don Hugo: Hombre, claro,Sigue leyendo «Diálogo de Byron y el Arcipreste»

Amores contrariados

Don Víctor: Tal como éste, debían ser los del Museo de Luarca, que estaba tan cerca del mar que, cuando aquel temporal, las olas rompieron los ventanales y los recuperaron todos. Don Hugo: ¡Y nosotros que nos quedamos sin verlos!… Es como esas historias de sirenas que seducen a mortales y un buen día seSigue leyendo «Amores contrariados»