Don Hugo: Pero, don Víctor, según hablamos, no para usted de dar vueltas a mi alrededor cada vez más deprisa… ¿Qué tiene usted, hombre, si parece el segundero de un derviche? Don Víctor: Perdone, don Hugo, no me había dado cuenta, pero ahora que menciona usted el segundero, le confieso que esta plática me estáSigue leyendo «Espacio-Tiempo»
Archivo del autor: Troupe del Cretino
Voci parallele
Don Víctor: ¡Qué cabezas tan operísticas las de don Miguel y don Benito! Don Hugo: Para mí, un par de ejemplos los hermanan: el de Triste, en “O´Donnell”, y el del joven noble que se disfraza de arriero en el Quijote. Don Víctor: ¡Es verdad, don Hugo!… en ambos casos, bajo una mala facha seSigue leyendo «Voci parallele»
Hagiografías
Don Hugo: No se crea usted, don Víctor, que algunos chistes, por burdos que sean, delatan un origen culto e incluso sacro. Don Víctor: ¡Ya lo adivino! Escuche, don Hugo: -Pero, ¡cómo hace usted para mantenerse tan joven? -No discutir con nadie. -Hombre, ¡no será por eso! -Ah, ¡pues no será! Don Hugo: No, ¡ése,Sigue leyendo «Hagiografías»
¿Dónde están las llaves?
Don Hugo: ¡No me diga usted, don Víctor!… A mí también me ha inspirado un sueño el relato de Supervielle, “La niña de alta mar”… pero, cuénteme usted primero el suyo. Don Víctor: Volví a sentir la misma angustia que me acongojó aquella vez en que fuimos a la Comédie Française a ver “La vozSigue leyendo «¿Dónde están las llaves?»
Ven, Muerte, tan escondida
Don Víctor: Estoy recordando ahora el libro de Giorgio Bocca , “Il provinciale”, que me prestó usted hace unos años. Me impresionó grandemente la figura de aquel partisano francés, Loulou, que combatía en Italia, independiente y solitario, in cerca della morte o della vendetta. Don Hugo: Sí, don Víctor, se decía que los alemanes habíanSigue leyendo «Ven, Muerte, tan escondida»
¿Suelto o recogido?
Don Hugo: Caído el vestido, ya sólo falta que se suelte el pelo. Don Víctor: Hay mucho disimulo y mucha ambigüedad en este Veronese, don Hugo. Fíjese que mientras el marido contempla arrobado lo que al espectador se le oculta, el amante, fingiéndose distraído, desliza un billete amoroso entre los dedos de la bella. DonSigue leyendo «¿Suelto o recogido?»
La Rey-Joly
Don Víctor: Pero, don Hugo, lo que más me llamó la atención es que dedicara usted la mayor parte de sus alabanzas a la magnífica pronunciación de la letra “s”. Don Hugo: No me diga que no se le alegraban los ojitos a la Rey-Joly… Don Víctor: ¡Toma, y a nosotros con ella! Don Hugo:Sigue leyendo «La Rey-Joly»
Tatas
Don Hugo: Estaba releyendo anoche “La lozana andaluza” y luego quedé desvelado, lamentando la pérdida de aquel mundo, tan espontáneo, tan natural, tan tosco e ingenuo. Don Víctor: ¡Tan lleno de sensualidad y de vida! Me enfadó a mí también que hayamos tenido que ser tan formales toda nuestra vida y que no haya habidoSigue leyendo «Tatas»
Voz profunda
Don Hugo: ¡Que no, que no, don Víctor! Déjese de romanticismos… ¡que es cuestión de hercios!… La voz femenina ha disminuido en veinticinco hercios en tres décadas. Está ahora, por término medio, en doscientos seis. Don Víctor: ¡Inapelable! Don Hugo: Ya sabía lo que se hacía la señora Thatcher cuando se entrenaba tanto para bajarSigue leyendo «Voz profunda»
Diálogo de Byron y el Arcipreste
Don Hugo: Pero, ¿podrían ser las dos, alegorías de un mismo país? Don Víctor: Byron, don Hugo, no tiene duda: no existen en Inglaterra pies femeninos tan menudos, tan gráciles, tan expresivos, ni de tan fina hechura, como los de las gaditanas. ¡Vamos, que no piensa volver nunca más a Inglaterra! Don Hugo: Hombre, claro,Sigue leyendo «Diálogo de Byron y el Arcipreste»