
Don Hugo: Uno creería que, hundiendo la mano en esa sombra, se le oscurecerán los dedos.
Don Víctor: Exactamente, don Hugo. La sombra del ángel corresponde enteramente a la de un cuerpo físico. Carpaccio ha extraído un espíritu del plano inmaterial para traerlo a la contingencia del mundo matérico que habita Úrsula, de carne y hueso, por muy santa que estuviera destinada a ser.
Don Hugo: ¡Qué distinta habría sido la versión de un musivario bizantino!
Don Víctor: Claro, es que ésos lo hacían al revés. Se llevaron a Teodora -que no era precisamente una santa-, con sus damas y eunucos, al plano espiritual.
Don Hugo: Pero, ¿por qué la túnica sutil del ángel ondula por efecto de una brisa imposible en el cerrado de la alcoba?, y, sobre todo, ¿cómo es tan breve la sombra si la aparición tiene lugar al amanecer?
Don Víctor: Indudablemente se debe a la timidez ante la representación del mundo trascendente sometido a las coordenadas espacio-temporales del mundo de los mortales.
Don Hugo: ¡Qué seguridad, en cambio, en la representación de la cama con su dosel, paredes y suelo en perspectiva, espacios y distancias, volumen de los objetos, proporciones y detalles, brillos y texturas!
Don Víctor: Todo tiene la calidez, el color hipnótico y el silencio armónico de una pecera, ¿verdad, don Hugo? Y ahí Carpaccio se mueve como pez en el agua. Ahora bien, ¿qué pasó con aquella pecera tan ordenada y sus peces de colores cuando se vinieron abajo las certidumbres de la especulación renacentista tras el 1500?
Don Hugo: ¡Qué desazón ante el desplazamiento del punto de fuga o su mareante multiplicación; ante el descenso del horizonte para contemplar las figuras en escorzo recortándose contra el cielo; ante la distorsión de las proporciones y el abandono de los cánones; ante el movimiento atormentado; ante las perspectivas aceleradas!
Don Víctor: ¿Y usted cree que hemos salido de aquella confusión?
Don Hugo: El cubismo de Picasso no es más que una expresión burda y primitiva de aquella pérdida de confianza en el conocimiento, reduciendo la representación del espacio y sus cuerpos a los añicos de una imagen plana… y del expresionismo no quiero decirle nada porque hace gala de una pareja zafiedad.
Don Víctor: No aportó nada sino un reduccionismo de cuanto expresara Tintoretto con muchísima más ambición.
Don Hugo: Frente a la opulencia de un buen asado y su prolija guarnición, ¿qué son las lajas, cortadas y majadas, de un mal llamado “carpaccio”?…
Don Víctor: … de pescado, claro.