
Don Víctor: ¿Pescadores y maletillas?
Don Hugo: No cabe duda de que son los dos colectivos predilectos del Espíritu Santo.
Don Víctor: ¡Atiza!… Reconozco, don Hugo, que son pocos los que saben tanto de la Tercera Persona como usted…
Don Hugo: Unos y otros son, en principio, gente insignificante socialmente.
Don Víctor: Entiendo que lo de los pescadores, que son los más desheredados de la tierra -de la que no poseen ni un palmo- y que han de levantar sus chozos fuera de la ciudad, en la ventosa e insalubre playa, lo diga usted por los apóstoles… ¡y eso está muy bien visto, don Hugo!… pero, ¿a qué me mete usted a los toreros en estos negocios teológicos e intelectuales?
Don Hugo: Para mí, y verá que para usted también, que la cosa no ofrece dudas pues ¿no es también el maletilla un vagabundo desharrapado, sin techo que lo cobije ni oficio que lo sustente, expuesto constantemente al calabozo y la muerte, el llamado a ocupar un puesto en el Senado del Arte e incluso de las Letras, codeándose con académicos, filósofos y literatos?
Don Víctor: Pues es verdad, como aquellos pescadores de hombres que hicieron figura de nuevos profetas, heraldos de Cristo, aun a costa de prisiones, tormentos y martirios.
Don Hugo: Eso también, don Víctor. La verdad es que, a veces, hay amores que matan.
Don Víctor: ¿Qué hablarán en el Paraíso san Pedro y san Ignacio Sánchez-Mejías?
Don Hugo: ¿De qué platicarán san Andrés y san Gallito?