
Don Víctor: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?… y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Con esta cita, Benedicto plantea esa pregunta como actual, como si todos, alguna vez, nos la hubiéramos hecho.
Don Hugo: ¿Todavía se cree eso? Ahora comprendo por qué renunció. Se lo debió inspirar el Espíritu Santo que sí se había dado cuenta de que, por primera vez en la Historia, el mundo occidental vive en una era a-religiosa.
Don Víctor: A eso iba, don Hugo, que el Papa emérito vivía en la irrealidad. La religión cristiana ha sido orillada y olvidada de la mayoría.
Don Hugo: Y tras ese olvido, viene la deliberada destrucción de la cultura. Lo que hicieron los chinos, que ya no la tienen, se está operando en todo el mundo occidental. Nosotros mismos nos empeñamos en falsear y olvidar el pasado, en censurar y suprimir el arte y la literatura que nos fueron legados, en no tolerar otras tradiciones que las de los demás…
Don Víctor: ¡Calle, calle, don Hugo, que me va a dar un patatús!
Don Hugo: Me veo a la Iglesia de san Pedro, dentro de diez años, desacralizada y convertida en Museo de mamarrachadas Contemporáneas…
Don Víctor: … y yo añorando el régimen de Enver Hoxha que proclamó al ateísmo religión de estado para Albania…