Forma y color

Don Hugo: Mire que no le diría veces a Dolores, cuando novios, lo guapísima que era y ella, erre que erre, con que quien sí que era una belleza era su prima Jacinta.

Don Víctor: ¿La que se fue a México?

Don Hugo: La misma. Decía que tenía una carita ¡estucada!

Don Víctor: ¡Atiza!, ¿tan bien delineada, tan limpia, tan escultórica era?

Don Hugo: Exactamente. Ésas eran sus cualidades. Parecía salida de las manos de Luca della Robbia. Las de Dolores eran facciones más inaprehensibles, difíciles de retratar, más cambiantes según el ángulo y la luz.

Don Víctor: Lo que Delacroix llama “natures tendres”, las de los niños y las muchachas en flor. Sin embargo, a partir del 1500…

Don Hugo: ¡El año desde el cual no hemos hecho más que ir para abajo!

Don Víctor: No se burle de mí, don Hugo… Decía que, a partir del 1500, en su desmesurada ambición de retratar la realidad tal como la vemos, los pintores lograron aprehender esa fugacidad, ese temblor, esa incertidumbre de un mundo mucho más vasto, complejo e inquietante de lo que los artistas del Quattrocento habían creído comprender.

Don Hugo: El manierismo tuvo como fruto más granado el colorismo veneciano, ¡lo pictórico en su más puro sentido!

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