
Don Hugo: Ahora que se han ido ya esos hooligans con sus risotadas y sus litronas, dígame, don Víctor, ¿cree usted que el pesimismo de Sileno inspiraría a Calderón cuando afirma, por boca de Segismundo, que “el delito mayor del hombre es haber nacido”?
Don Víctor: Indudablemente. Aparte de su diálogo con el rey Midas…
Don Hugo: “La mayor felicidad para un mortal es el no nacer y, en caso de haberlo hecho, morir cuanto antes”.
Don Víctor: … la mera exhibición del racimo de uvas y cómo se tambalea, preso de la embriaguez -que tanta risa suscitaba en aquellos bárbaros- apelan a la inconsciencia y el olvido.
Don Hugo: Como aquel borracho feliz al que envidió el incauto de Agustín…
Don Víctor: … cuando aún no era santo.
Don Hugo: ¿Y Cleobis y Bitón?
Don Víctor: Tenga usted por seguro que Calderón también tuvo en cuenta el premio de su sueño eterno con que la diosa recompensó la piedad filial de aquellos buenos gemelos.
Don Hugo: Pero usted, don Víctor, que sostiene que tanto debemos a los griegos, ¿piensa que se equivocaban cuando negaban la posibilidad de ser felices?
Don Víctor: A medias, don Hugo, porque considerar sólo sus sombríos desfallecimientos, sería reducirlos a unos románticos avant la lettre.
Don Hugo: Ahí está: mitos, sueños, monstruos, fiestas dionisíacas representan la parte inconsciente, la más bestial y primitiva del ser humano, pero no olvidemos la compensación racional y lumínica que representan la filosofía, las bellas artes y las letras, la ciencia, la política, impulsos vitales en pos de la edificación del hombre y de la sociedad perfecta, por imposible que sea su culminación.
Don Víctor: Trabajo y coraje.