
Don Hugo: “En esta tierra hay eso: / Un veterano sabor. / Veterano tiene eso”.
Don Víctor: Sí, y lo decía el tío enarbolando su bastón como si fuera una varita mágica con la que esbozaba en el aire el mapa de España.
Don Hugo: ¡Si hacía una figura como la de Mariano Medina!
Don Víctor. Una parodia que lo era también de sí mismo.
Don Hugo: Lo que se pasó haciendo toda su vida el ¡genial Dalí!
Don Víctor: Claro, don Hugo, ¿pero por qué artistas consagrados se prestaron a algo tan vulgar como poner cara a campañas publicitarias de productos anodinos?
Don Hugo: ¿Y qué famoso se resiste a participar en un concurso tonto, una exclusiva sentimental, un reality degradante, o a que encolen su rostro agigantado en una valla publicitaria a las afueras de la ciudad, o a mentir cuando le hacen decir que su coñac preferido es uno malísimo que no probará en su vida, o incluso no se preste a protagonizar un meme que lo ridiculiza, pero que lo tiene en la boca de todos por unos días?
Don Víctor: Es verdad. Hay que aparecer todos los días. La sobreinformación a la que nos exponen entierra al más pintado y nos hace olvidarlo como no se preste a ese juego.
Don Hugo: Algo les untarán también, digo yo… Y a personas que hacen cosas tan difíciles que no están al alcance de cualquiera, les parecerá una ganga.
Don Víctor: Pero al final, ya se trate de un deportista o de un pintor, qué duda cabe que todo ello empaña, cuando no envilece, el brillo que les es propio.
Don Hugo: Me viene a la memoria aquel acróstico que el Gran Inquisidor André Breton dedicó a Salvador: AVIDA DOLLARS.
Don Víctor: La única vez que tuvo gracia.