Entre Buonaroti y Giambologna

Don Víctor: Es de lo más interesante. Dice que la última elegancia radica en una fuerza guerrera y que se trata de una auténtica batalla. Don Hugo: Tiene toda la razón, los primeros ballets de las cortes italianas del Renacimiento son más movimientos de orden cerrado, como los de la milicia, que lo que nosotrosSigue leyendo «Entre Buonaroti y Giambologna»

Diseños

Don Víctor: Pero óigame, don Hugo, el ser humano lleva desde el Paleolítico creando cachivaches e inventando cosas… ¡algunas muy bellas!, pero ¿dónde está el diseño que se pueda comparar al cuerpo femenino?… Séame sincero, don Hugo, ¿a usted se le hubiera ocurrido un proyecto así? Don Hugo: ¡Imposible, don Víctor!… Y cualquier alteración enSigue leyendo «Diseños»

El camello que llora

Don Víctor: Y al final no hemos visto el tesoro de los Quimbaya… Don Hugo: Quite, quite, eso está siempre lleno de niños… Don Víctor: Ya, pero alguna vez tendremos que echarle un vistazo antes de que Iceta se lo devuelva a la República Colombiana. Don Hugo: ¿Qué es eso comparado con el misterio deSigue leyendo «El camello que llora»

El tocón de Mirón

Don Hugo: Fíjese, don Víctor, ¡como aquel tocón al que los leñadores hincaron una cuña para abrirlo! Don Víctor: ¿Se refiere usted, don Hugo, al accidente de Milón de Crotona? Don Hugo: Sí, claro… ¡Vaya una manera de morir, devorado por las fieras sin poder defenderse, con la mano atrapada por la presión del troncoSigue leyendo «El tocón de Mirón»