Don Víctor: Como creador que era nuestro querido Víctor Hugo, y tan prolífico, no podía por menos que condenar al militar destructor. Oiga usted, don Hugo, lo que dice de Omar, quien quemara la biblioteca de Alejandría: “La cimitarra es el sublime ideal. Es peor que estúpido. Es turco”. Don Hugo: Entiendo que estúpido puesSigue leyendo «Enemigos»
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Dos mujeres
Don Hugo: Como siempre, quienes acuñan los conceptos son los griegos. Don Víctor: ¡Y quienes mejor los ilustran con sus mitos, su teatro y su filosofía! Don Hugo: Por un lado está Helena, la infiel, y, por otro, Penélope, la leal. Don Víctor: Claramente, don Hugo, Helena había de ser por fuerza más bonita, peroSigue leyendo «Dos mujeres»
Monos
Don Hugo: ¿Está usted viendo lo que yo, don Víctor? A pesar de las apariencias, vamos más uniformados que los chinos en la época de Mao. Don Víctor: Veo que todos llevan vaqueros y lucen, de balde, propaganda en petos y espaldares. Don Hugo: Y hay un único sexo, por más que haya ahora tantosSigue leyendo «Monos»
Entre Buonaroti y Giambologna
Don Víctor: Es de lo más interesante. Dice que la última elegancia radica en una fuerza guerrera y que se trata de una auténtica batalla. Don Hugo: Tiene toda la razón, los primeros ballets de las cortes italianas del Renacimiento son más movimientos de orden cerrado, como los de la milicia, que lo que nosotrosSigue leyendo «Entre Buonaroti y Giambologna»
Larra
Don Víctor: Han pasado ya dos siglos y qué actual sigue siendo Larra en bastantes cosas, a pesar de lo mucho que hayamos prosperado. Don Hugo: Tiene usted razón, don Víctor, ahora ya no hay carlistas, pero están sus herederos, los nacionalistas. Don Víctor: Ya no están los espadones, pero sí los patrioteros corruptos envolviendoSigue leyendo «Larra»
Diseños
Don Víctor: Pero óigame, don Hugo, el ser humano lleva desde el Paleolítico creando cachivaches e inventando cosas… ¡algunas muy bellas!, pero ¿dónde está el diseño que se pueda comparar al cuerpo femenino?… Séame sincero, don Hugo, ¿a usted se le hubiera ocurrido un proyecto así? Don Hugo: ¡Imposible, don Víctor!… Y cualquier alteración enSigue leyendo «Diseños»
Cuestión de límites
Don Hugo: Pero, don Víctor, ¿de verdad que va usted a decirle a Isidro Cuenca que se venga con nosotros a la corrida de Aranjuez? Don Víctor: Hombre, don Hugo, si es que le encanta ¡y se apunta siempre tan contento! Don Hugo: Sí, pero ¿no podríamos por una vez tener la fiesta en paz?Sigue leyendo «Cuestión de límites»
Adivinanza
Don Hugo: Dos cosas, don Víctor: tiene usted que adivinar quién lo escribe y también a quién se refiere. Don Víctor: Espero, don Hugo, que esta vez no se trate de una prueba superior a mis fuerzas. Don Hugo: “… añadía las alas de la música y entonces escuchaba trinos, collares de notas más purasSigue leyendo «Adivinanza»
El camello que llora
Don Víctor: Y al final no hemos visto el tesoro de los Quimbaya… Don Hugo: Quite, quite, eso está siempre lleno de niños… Don Víctor: Ya, pero alguna vez tendremos que echarle un vistazo antes de que Iceta se lo devuelva a la República Colombiana. Don Hugo: ¿Qué es eso comparado con el misterio deSigue leyendo «El camello que llora»
El tocón de Mirón
Don Hugo: Fíjese, don Víctor, ¡como aquel tocón al que los leñadores hincaron una cuña para abrirlo! Don Víctor: ¿Se refiere usted, don Hugo, al accidente de Milón de Crotona? Don Hugo: Sí, claro… ¡Vaya una manera de morir, devorado por las fieras sin poder defenderse, con la mano atrapada por la presión del troncoSigue leyendo «El tocón de Mirón»