París

Don Víctor: Repare usted, don Hugo, en que las ciudades como París, ¡qué cargadas están de significados!… ¡Nos han contado tantas cosas, y hemos hablado tanto de ellas…! Don Hugo: Sí, don Víctor, París es tantas cosas…pero quizás lo que más relevancia adquiere en el inconsciente colectivo sea la ciudad bohemia por excelencia, el MontmartreSigue leyendo «París»

Ni pop siquiera

Don Hugo: Estuve anoche releyendo a Marguerite Yourcenar y me llamó la atención cuanto afirma sobre las grandes superficies comerciales: lo inhóspito de su decoración, su ausencia de empleados, la uniformidad de los productos de trusts y monopolios y, flotando entre tanta desolación, «esa musiquilla mecánica fluyendo como jarabe de mala calidad». Don Víctor: MusiquillaSigue leyendo «Ni pop siquiera»

Las primas de Musetta

Don Víctor: ¿Musetta?… Nunca pensé que se parecieran… Don Hugo: ¡Achulapadas, traducidas al Madrid del género chico! Don Víctor: Visita y la Mari Pepa siempre se me antojaron encarnación genuina del alma femenina del pueblo de Madrid. Don Hugo: ¿Recuerda usted, don Víctor, lo que sentía Musetta cuando salía a pasear solita por la calleSigue leyendo «Las primas de Musetta»

La voz inmensa de las sirenas

Don Víctor: Estaba releyendo «La Odisea» y me acordaba de una viñeta de los tintines que comprábamos a los niños. Era cuando Ulises ha de hacer frente a la «voz inmensa de las sirenas». Don Hugo: Claro, don Víctor, seguro que recordó usted a la Castafiore. Don Víctor: Repare usted en el adjetivo, don Hugo:Sigue leyendo «La voz inmensa de las sirenas»

La luna y los perros

Don Hugo: Si mueve los océanos, ¿cómo no ha de ejercer su influjo sobre las criaturas? Don Víctor: Tengo observado que en las noches de luna llena, duermo muy mal. Por eso no he dudado en apuntarme a esta excursión, para disgusto de Julita. Don Hugo: Bueno, don Víctor, pero espero que no le déSigue leyendo «La luna y los perros»

La tertulia como Dios manda

Don Hugo: A veces pienso, don Víctor, si no nos habremos equivocado siempre con aquello de huir de las tertulias de café… Don Víctor: No me venga usted ahora con ésas, don Hugo. ¡Vaya pérdida de tiempo! Don Hugo: Tal vez el sacrificio hubiera merecido la pena como acto de patriotismo. Prácticamente ya no haySigue leyendo «La tertulia como Dios manda»