Don Hugo: Los planos son de una belleza cautivadora. Don Víctor: Y hay algunos movimientos de cámara que le cortan a uno el hipo. Don Hugo: Uno comprende entonces cómo se fue poniendo en pie el discurso cinematográfico tras el que iban todos los demás. Eso es innegable, pero… Don Víctor: Como buen precursor, EisensteinSigue leyendo «Eisenstein»
Archivo del autor: Troupe del Cretino
Pacientes
Don Hugo: ¿No me diga usted, don Víctor, que aún no ha terminado la lectura de «Sueño y Mito» de Karl Abraham? Don Víctor: Me va a perdonar usted, don Hugo, pero le confieso que ni siquiera he podido empezar. Don Hugo: Pero, ¿cómo es posible?… Así, ¿cómo va usted a entender nunca la baseSigue leyendo «Pacientes»
Bizancio
Don Hugo: Todo esto deja atrás muchos de los presupuestos clásicos. Es cierto que el Imperio había derivado hacia una progresiva orientalización, pero aquí no hubo nunca ruptura. Don Víctor: Sí, sí, se evolucionaba con naturalidad e incluso se seguía progresando en muchas cosas… Si no le da vértigo, don Hugo, mire usted hacia arribaSigue leyendo «Bizancio»
Fealdades
Don Víctor: Pues, este verano, uno de mis hijos se ha ido a Tailandia con toda la familia y la chica con la suya a la Isla Mauricio. Don Hugo: Pues los míos, ¡otro tanto! El arquitecto, con los suyos, a las Seychelles, y la niña, con el marido y el hijito, a Cancún. SiSigue leyendo «Fealdades»
Nombre de pila
Don Hugo: Vienen Isidro Cuenca, Lopetegui… Don Víctor: ¿Lopetegui? Don Hugo: Claro, si está ya muchísimo mejor, gracias a Dios… y también viene Planes. Don Víctor: ¡Hombre, qué alegría!… Hacía años que no honraba la capital con su presencia. Don Hugo: Está contentísimo… pero, don Víctor, ¿a que no sabe usted a nombre de quiénSigue leyendo «Nombre de pila»
Pipas
Don Hugo: ¿Ve, don Víctor?… ¡Aquí han estado unos españoles! Don Víctor: No me diga, don Hugo. ¿Cómo sabe que no eran extranjeros? Don Hugo: Observe; no hace falta que se agache usted para reconocer estos montículos-testaccio. Don Víctor: Lo admito: está «testada» la presencia de rumiantes hispánicos. Don Hugo: Qué duda cabe que lasSigue leyendo «Pipas»
Fauvistas
Don Víctor: Desde luego aquellos jovencitos no se paraban a pensar demasiado. Don Hugo: Al contrario, don Víctor, lo suyo es pura impaciencia, un manotazo sobre la mesa ¡y ya está! Don Víctor: Todo queda desplegado al primer golpe de vista: inútil buscar más allá. Don Hugo: ¿Que el cuadro es plano? ¡Pues pinto plano!…Sigue leyendo «Fauvistas»
No eran cantos de sirena
Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿usted melancólico? Don Hugo: No sé lo quería decir, don Víctor, pero de un tiempo a esta parte, y cada vez con más frecuencia, siento una opresión sobre el estómago y una emoción que me pone al borde de las lágrimas… Don Víctor: ¿Le ocurre, quizás, después de contar recuerdosSigue leyendo «No eran cantos de sirena»
Herreros en la checa
Don Víctor: Espere, don Hugo, a ver si lo encuentro… que trae hoy el periódico una viñeta antigua de aquéllas de Enrique Herreros. ¿Lo recuerda usted? Don Hugo: Hombre, claro, pero si mi padre compartió checa con él durante algunos días… Don Víctor: ¿Su padre?… pero ¿no era de la UGT? Don Hugo: Claro, peroSigue leyendo «Herreros en la checa»
¡Al marketing, al marketing!
Don Hugo: ¡Pues no va Isidro Cuenca y me devuelve el libro que le regalé por su cumpleaños! Don Víctor: ¿No sería «Sueño y mito» de Karl Abraham?… Hombre, don Hugo, conociendo a Cuenca, debería haberme consultado antes… Don Hugo: No, no, ése se lo regalé a usted. A Cuenca le elegí una antología deSigue leyendo «¡Al marketing, al marketing!»