Don Hugo: Dígame usted, don Víctor, ¿cómo imagina en lo físico a Hamlet? Don Víctor: Como Lawrence Olivier, aunque me hubiera gustado mucho ver el de Vittorio Gassman. En todo caso, lo veo como un joven esbelto. Don Hugo: Eso pensaba yo también, don Víctor… Mire que lo habré leído cincuenta veces y ha tenidoSigue leyendo «Hamlet»
Archivo del autor: Troupe del Cretino
¡Muerte al teatro!
Don Víctor: ¿Usted cree, don Hugo, que llegarán a prohibir el teatro? Don Hugo: Hombre, don Víctor, por algo se empieza… Repare usted en todos los ataques al teatro sacro por antonomasia, la tauromaquia. Don Víctor: Ah, claro, se refiere usted a cuanto piensa Peter Brook, que el teatro primigenio evoca a una divinidad, laSigue leyendo «¡Muerte al teatro!»
A vueltas con la Belleza
Don Víctor: Ha sido abrirme la puerta y creerme que tenía usted de visita en el salón un cuarteto clásico con Haydn a la cabeza. ¡Si es que no me atrevo ni a entrar por temor a que se desvanezca tanta belleza! Don Hugo: Pase, pase usted, don Víctor, que suena muy bien. Además esSigue leyendo «A vueltas con la Belleza»
Conflicto de roles
Don Víctor: Desde luego, no será el de más calidad de todo lo que vimos ayer en el Museo Nacional, pero qué duda cabe que es el más conmovedor. ¡Con decirle que no he pegado ojo en toda la noche y que tampoco he dejado dormir a Julita! Don Hugo: Yo me he despertado pensandoSigue leyendo «Conflicto de roles»
La verdad teatral
Don Víctor: Pero, ¿cómo ignorar la gloriosa tradición cómica de la ópera bufa, con aquellos bajos italianos tan cantantes, dotados de tales flexibilidad y legato, capaces de un fraseo vertiginoso como del más belcantista virtuosismo, a la par que eran prodigiosos histriones? Don Hugo: Le recuerdo, don Víctor, que no hace tantos años hemos llegadoSigue leyendo «La verdad teatral»
Rasca que te rasca
Don Hugo: Hombre, don Víctor, ¡no será para tanto! Ya verá usted cómo mañana mismo se le habrá pasado el enfado a su hija Celia. Don Víctor: ¡Dios le oiga, don Hugo! Estoy que no vivo. Pensé que le haría gracia, la verdad… Que ella sea restauradora me inspiró el cuento. Tiene que quitar unaSigue leyendo «Rasca que te rasca»
Hay diferencias
Don Víctor: Empiece usted por comparar esto con cualquier Virgen con el Niño a la puerta de casa, de un Murillo, y obtendrá prácticamente la respuesta a todo. Don Hugo: Cómo celebro que sea usted tan concreto, don Víctor, porque es que después de discutir con Cuenca, Planes-Bellmunt y Lacasa sobre Manierismo y Barroco, salimosSigue leyendo «Hay diferencias»
Dos infiernos
Don Víctor: Pero entonces, don Hugo, dígame usted: al final, ¿con quién se quedaría, con Pasolini o con De Sica? Don Hugo: Hombre, don Víctor, la cuestión no es fácil y obliga a un viaje a los infiernos, que es el lugar maldito donde ambos coinciden. Don Víctor: Si tomamos en consideración “El ladrón deSigue leyendo «Dos infiernos»
Bastardía
Don Hugo: Escuche un momento, don Víctor, que luego seguirá usted con “Camino”. Fíjese en lo que dice Edmundo el Bastardo: “¿Acaso la configuración de mi cuerpo no se halla bien proporcionada, no atesora mi ánimo largueza y no resultan mis hechuras agraciadas…?” Don Víctor: Hombre, don Hugo, tiene mucha razón el chico… No porSigue leyendo «Bastardía»
El canon atlético
Don Hugo: ¿Recuerda usted, don Víctor, lo bien que lo pasaron las señoras en aquella “descente de la Dordogne”? Don Víctor: Sí, qué bien se les daba remar. ¡Y yo me sentía como nunca!, ¡qué viaje tan tonificante, qué acampadas y qué restaurantes maravillosos! Don Hugo: Ha sido de los mejores, como para una deSigue leyendo «El canon atlético»