Don Víctor: Me lo imagino contando unos chistes verdes que harían enrojecer hasta al mismo general Primo de Rivera. Don Hugo: Desde Fernando VII es proverbial la chabacanería de nuestros Borbones. Don Víctor: ¡Farsa y licencia de la reina castiza!… y así les fue a la postre a doña Isabel II, a don Alfonso XIIISigue leyendo «El regalo de Letizia»
Archivo del autor: Troupe del Cretino
El velatorio de Valeriano
Don Víctor: Cómo lo sentí, don Hugo…. Fue marcharse usted del velatorio y empezó lo mejor. Hacía años que no nos reíamos tanto en la familia. Don Hugo: Es típico de los funerales suscitar incontenibles jolgorios liberadores de una tensión psíquica inducida por la muerte del ser querido. No deja de ser un ejemplo másSigue leyendo «El velatorio de Valeriano»
Habla madrileña
Don Hugo: Pero, don Víctor, ¿entonces su supuesto homenaje a Galdós, en el centenario de su muerte, va a consistir en rebatirle un párrafo de principio a fin? Don Víctor: Qué remedio me queda, don Hugo, si ése es el resultado después de haberlo estudiado con el mayor interés y total objetividad. Don Hugo: ¿YSigue leyendo «Habla madrileña»
Envidia
Don Hugo: Es pasar por delante de la estación del Norte y pensar en Salvador de Madariaga… Don Víctor: ¿Cómo es eso, don Hugo?, ¿es que acaso fue aquí donde tomó el expreso camino del exilio? Don Hugo: No, don Víctor, lo digo por aquello de que, según escribiera refiriéndose a la España decimonónica, “EspañaSigue leyendo «Envidia»
Bes
Don Víctor: De toda esta antología norteamericana de cuentos europeos, entonces ¿cuál es el que más le ha interesado, don Hugo? Don Hugo: No sé si será el más interesante, pero a mí me ha llamado especialmente la atención ése de Michel Tournier. Don Víctor: ¡Ah sí, “El enano rojo”! Don Hugo: Efectivamente. Fíjese usted,Sigue leyendo «Bes»
O monjes o bohemios
Don Víctor: Al final van a gastarse lo que no está escrito y no nos van a hacer caso. Don Hugo: Por lo menos el rey ya no va a estar todo el día con la mirada puesta en el reloj. Don Víctor: Sí, pero le obligarán a tenerlo en cuenta, aunque sea con elSigue leyendo «O monjes o bohemios»
Endocrinología
Don Hugo: Ya sé cuál es el poema que quiere usted mostrarme, don Víctor. Don Víctor: No, no es eso. Quería enseñarle el prólogo… lo que decíamos el otro día… ¿es que en esos años no hubo un libro que no fuera prologado por don Prologorio? Don Hugo: ¡El doctor Gregorio Marañón! Veo que tambiénSigue leyendo «Endocrinología»
Ricos de aquí, ricos de allá
Don Víctor: ¡Ya lo tengo, don Hugo! Escuche: “¿Por qué no existen grandes y potentes instituciones de cultura con espíritu liberal en la zona libre exterior del Estado en donde han prosperado las de la Iglesia?…” Don Hugo: ¡Y mire que no se habrán amontonado aquí fortunas portentosas ni encumbrado durante siglos grandes dinastías aristocráticas!Sigue leyendo «Ricos de aquí, ricos de allá»
A la española
Don Víctor: Estaba yo en el salón leyendo a Gabriel Miró cuando oí a Julita riendo a carcajadas en la alcoba. Hablaba por teléfono y pensé que sería con Dolores, que le estaría contando nuestro proyecto de ese viaje agro-turístico por Hungría para rebatir a Liszt. Don Hugo: Pero, don Víctor, no puede ser… ¡siSigue leyendo «A la española»
Ombra mai fu
Don Hugo: Un poco más de discreción, don Víctor, que se le va a molestar Julita… Don Víctor: Pero, don Hugo, si sólo me tomé un tiramisù, y, ¡qué diantre!, un día es un día, que hacía lo menos una semana que no cenábamos juntos. Don Hugo: No es eso, don Víctor, me refiero aSigue leyendo «Ombra mai fu»