
Don Hugo: Sí, don Víctor, unos y otros son igualmente ahistóricos, como los subproletarios de Pasolini.
Don Víctor: Claro, pero a diferencia de estos últimos, tanto bohemios como maletillas, por parasitarios que sean, albergan aspiraciones al triunfo.
Don Hugo: Los de Pasolini son fatalistas y los otros, quiméricos.
Don Víctor: Sí, la poética de la supervivencia frente a la poética del ideal. Lo que va de la noche al día.
Don Hugo: Cuando, excepcionalmente, se alcanza la fortuna, los agraciados, indefectiblemente, abandonan la sombra y se integran en el engranaje social. Pasan de desposeídos a propietarios.
Don Víctor: Claro, es dejar de vivir al día a asegurarse un futuro.
Don Hugo: Los de Pasolini viven anclados en el principio de placer; serán siempre seres primarios, mientras que los triunfadores exbohemios y exmaletillas se acomodan al principio de realidad, que es lo civilizatorio por excelencia.
Don Víctor: Algo, no obstante, les queda a veces. Recuerde cómo el Gallo encendía sus puros habanos con un billete de cien pesetas de las de entonces.
Don Hugo: ¡Y gracias a que Belmonte se erigió en su administrador!
Don Víctor: ¡Tutor, tutor!
Don Hugo: A la hora de dilucidar cuándo y cómo se le daba su asignación, se descartó que fuera mensual pues el día 2 ya no le quedaría nada. ¿Semanal? ¡Tampoco! El martes pasaría hambre. Bien, pues diaria. ¡De ninguna manera! A la una de la tarde, andaría ya dando sablazos. Así es que: una mitad al mediodía y la otra, a las seis.