Imperialistas

Don Víctor: ¿Pero usted cree, don Hugo, que nos concederán una audiencia con la embajadora así por las buenas?
Don Hugo: Hoy sólo venimos a solicitar una cita cuando le venga a ella mejor. Lo que no sé es si nos conviene revelar de antemano el motivo de nuestra visita o si, por el contrario, sería contraproducente.
Don Víctor: No, don Hugo, es imprescindible desde el primer momento declarar el motivo.. No podemos sorprender, mediante engaño, la confianza que sin duda nos dispensará.
Don Hugo: De acuerdo, don Víctor, creo que lleva usted razón. ¿Qué le parece esta fórmula: “Conscientes de haber pecado por atolondramiento y soberbia contra la generosidad de la nación norteamericana en su denodada lucha contra los monstruos del odio, la irracionalidad y la tiranía, en su infinita variedad, acusándola de mercachifle, ignorante, zafia, infantil…
Don Víctor: ¡Imperialista!… ¡lo peor de todo!
Don Hugo: …suplicamos su perdón y nos ponemos nosotros mismos y la fundación que representamos a la entera disposición de Su Excelencia en cuanto podamos hacer por reparar este deplorable desvío, del que hemos tardado tantos años en ser conscientes”.
Don Víctor: ¿Cómo puede nadie seguir usando el remoquete de “imperialista” contra los yanquis, que no se meten ya con nadie, ahora en que se agitan, cada vez más belicosos, los ayatolás del Imperio persa, el nuevo Zar del Imperio ruso, el nuevo Emperador chino, el nuevo Sultán turco…
Don Hugo: … e incluso algún aprendiz advenedizo como el Kim Jong Un…
Don Víctor: … o el virrey don Nicolás?
Don Hugo: Y no olvide usted la India misteriosa que se arma, como todos por otra parte, hasta los dientes.
Don Víctor: ¿Será que Oriente, que alumbró la luz primera, vuelve ahora para sumirnos en las tinieblas con algún nuevo Jerjes a su cabeza?
Don Hugo: Occidente creyó que ya podía descansar sobre sus laureles, abatidos el león de Nemea y la Hidra de Lerna, preso el Can Cerbero, domado el toro de Creta y capturado el jabalí de Erimanto…
Don Víctor: Sí, sí, pero no llegó Heracles a eliminar todas las aves del Estínfalo y las que sobrevivieron siguieron envenenando con sus excrementos vastas regiones del planeta…
Don Hugo: … a lo que se añadió que no se arrodillara para limpiar a fondo, con estropajo y Vim, los establos de Augías.
Don Víctor: ¿Quién nos lo iba a decir a nosotros, don Hugo…? ¿Recuerda usted que en aquella primera comunicación que tuvimos, pusimos a caldo a los gringos por su decadente cine hollywoodiano, todo ruido, efectos especiales y violencia gratuita?
Don Hugo: Lo recuerdo, don Víctor, lo recuerdo… ¡Cómo añoro ahora aquellas películas del Oeste!

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