Víctor Hugo, novelista

Don Hugo: Le confieso, don Víctor, que, por mucho que lo haya intentado, no he conseguido pasar de la mitad del libro que le regalara a usted el bueno de Dupré.

Don Víctor: ¡No puedo creerlo, don Hugo!… Usted ha leído cosas mucho más difíciles.

Don Hugo: Sí, pero es que su alambicado estilo, su abuso de la paradoja, su retórica tan efectista, bastante francesa por cierto… han llegado a estragarme.

Don Víctor: Se lo concedo; yo mismo tuve esta obra abandonada durante años, pero he tenido que volver a ella y terminarla cuando mi nieta Lucía, después de que le diera unas cuantas orientaciones para su trabajo sobre Victor Hugo, me dijera, llena de admiración: “Abuelo, es que tú te sabes todo de Victor Hugo… ¡yo nunca podré llegar a tanto!”

Don Hugo: Tiene usted que quedar a la altura, don Víctor… ya con esto que me va diciendo, me están entrando ánimos para acabar el “Victor Hugo romancier” de Georges Piroué.

Don Víctor: Lo más interesante de todo y el motivo por el cual yo le insté a su lectura es que Victor Hugo continúa su novela donde todos los escritores la habrían acabado, es decir a partir de la redención de Jean Valjean.

Don Hugo: ¡Bravo, Piroué! ¡Qué bien has visto la heroicidad cotidiana, tenaz, perseverante, sin  fin del protagonista en medio de una sociedad perversa, cruel y que encima le hostiga permanentemente!

Don Víctor: No menos admirable es la heroicidad del escritor capaz de mantener el interés de la novela en todos los capítulos que vienen después.

Don Hugo: Bueno, don Víctor, déjeme usted que pague, que me tengo que ir corriendo a acabar el libro… ¡Ya mañana le cuento!

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