
Don Hugo: No se crea usted, don Víctor, que algunos chistes, por burdos que sean, delatan un origen culto e incluso sacro.
Don Víctor: ¡Ya lo adivino! Escuche, don Hugo:
-Pero, ¡cómo hace usted para mantenerse tan joven?
-No discutir con nadie.
-Hombre, ¡no será por eso!
-Ah, ¡pues no será!
Don Hugo: No, ¡ése, no!
Don Víctor: Ah, pensaba que era cosa de algún teólogo refiriéndose a san José… ¡como siempre le hacen bromas por su condescendencia!…
Don Hugo: Hablemos en serio, don Víctor. He averiguado que san Valero, patrón de Zaragoza, era tartamudo y que su diácono, san Vicente, se encargaba de pronunciar sus sermones.
Don Víctor: Ahora, don Hugo, sí que lo tengo: El párroco, aquejado de afonía, sopla al sacristán la homilía que tenía preparada. Refiere la resurrección de Lázaro. El sacristán, gustándose, dice que, a la voz de “Levántate y anda”, Lázaro andó. El cura, entonces, le espeta: “¡”Anduvo”, jodío!”, y el sacristán va y suelta: “Bueno, anduvo jodío un par de días, pero al final andó”.