Shakespeare y Freud

Don Víctor: Vi, don Hugo, que se quedaba usted muy callado sin querer entrar al trapo cuando Lopetegui proclamó que, “para conocer al hombre, ¡Shakespeare, y no el pelmazo de Freud!”

Don Hugo: No quise que nos diera la cena ya que celebrábamos la entrada de Dupré en el patronato, pero la rotunda afirmación de nuestro amigo es, para empezar, una simpleza.

Don Víctor: En cambio, bien que se animaron los demás: A Planes-Bellmunt le faltó tiempo para sentenciar que “donde esté López Ibor, que se quite el psicoanálisis y el conductismo americano”.

Don Hugo: Sí, y el otro doctor, Lacasa, dándonos la matraca con sus delirios marítimos: que sólo la introspección que propicia el enfrentarse a la soledad inmensa del mar, ayuda a penetrar en la esencia del hombre, y que por ello él lo tenía clarísimo: “Preguntemos a Thor Heyerdahl, el de la Kon Ti Ki”.

Don Víctor: No pudo callar entonces el padre Letamendi afirmando que aquel sentimiento de eternidad al que aludía Lacasa era el que exploraba, indudablemente con mayor fundamento y objetividad, Blaise Pascal, por no hablar de los Padres de la Iglesia, y es que cómo desvincular el conocimiento del hombre de la fuerza gravitatoria de lo trascendente.

Don Hugo: Si hasta Dupré se atrevió entonces a terciar, reivindicando que en el conocimiento del hombre, Calderón no es inferior a Shakespeare, tan filosófico y con ese punto tan español de misticismo.

Don Víctor: Y para colmo, Isidro Cuenca dio la puntilla… ¿Cómo dice sin el menor empacho que el único conocimiento que a un hombre interesa, que son las mujeres, lo enseña sólo el libro de la vida, y no la ciencia ni la literatura?… El caso es que percibí que todos quedaban defraudados al verlo a usted, don Hugo, concentrado en su rabo de toro, sin decir ni mu.

Don Hugo: Habría tenido que decirles que literatura y ciencia son dos aproximaciones distintas a la realidad, que suelen discurrir paralelamente, si bien puedan cruzarse en ocasiones.

Don Víctor: También la literatura apela al pensamiento y al razonamiento, no sólo a los sentimientos…

Don Hugo: Sí, don Víctor, pero, a diferencia de ella, la ciencia experimenta, mide, cuantifica y, finalmente, demuestra.

Don Víctor: Es verdad, don Hugo, ¡cuántas veces en las vidas literarias que vivimos vicariamente, nos encontramos ante encrucijadas, decisiones, caracteres, motivaciones, de variado peso que, indudablemente, enriquecen nuestra interpretación del ser humano, pero siempre de forma intuitiva.

Don Hugo: Dígame, don Víctor, usted que también estuvo muy calladito en aquel pasaje, ¿a cuál de los comensales le pondría la mejor nota?

Don Víctor: Si me guarda usted el secreto, don Hugo, y ahora que me ha expuesto sus razones, creo que esta vez habrá que dar un suspenso general.

Don Hugo: ¡In pectore!

2 comentarios sobre “Shakespeare y Freud

  1. Carlos SABÍN (2022): Física cuántica y relativista. Más allá de nuestros sentidos. Madrid. CSIC-Los libros de la catarata.
    Cita previa introducida por el autor:
    “Guárdate de él, guárdate de él como de la peste. Es el sentido común el que con los medios comunes de conocer juzga, de tal modo que en la tierra en que un solo mortal conociera el microscopio y el telescopio disputaríanle sus coterráneos por hombre falto de sentido común cuando les comunicase sus observaciones, juzgando ellos a simple vista, que es el instrumento del sentido común”. [Miguel de Unamuno (1902): Amor y pedagogía.]
    Este aparente mazazo propinado al sentido común será explicado, con pulquérrimos razonamientos científicos, a lo largo de la obra.
    “las fórmulas que expresan las leyes de la relatividad de Einstein son las mismas que las de las leyes de Newton, salvo por un factor de corrección que depende de la velocidad de los objetos que estemos considerando. Para las velocidades de nuestra vida diaria (Usain Bolt, el AVE, incluso un avión supersónico), ese factor de corrección es básicamente despreciable”. (p. 9)
    “El objetivo principal […] es que usted no vuelva a decir jamás eso de que todo es relativo, o al menos, que nunca le atribuya ese pensamiento a Albert Einstein. (…) Cuando decimos que algo es relativo en física, queremos decir que su valor depende de cómo o desde donde se mida. […] Mas aún, que en física algo sea relativo no quiere decir que sea arbitrario o aleatorio”. (pp. 17-18) […] “que el valor de algo sea relativo no da derecho a hacer las medidas mal ni asignarle cualquier valor a una cierta magnitud física. Al contrario, las relaciones entre los valores de las medidas que se realizan en sistemas de referencia distintos pero equivalentes tienen que obedecer a unas reglas muy precisas”. (p. 25)
    Las leyes de la física no son relativas (p. 30)
    Arriba Unamuno analiza el sentido común desde este punto de vista: la perspectiva más amplia y empírica del rigor científico, y vaya que tiene razón. Siendo que don Hugo y don Víctor, abordan en general la idea del sentido común teniéndola por una categoría harto valiosa, al hilo de este diálogo me ha parecido apropiada traer aquí a colación las aportaciones de Sabín, pues el libro se dedica a desmantelar el falso mantra que enfrenta, en un eterno e irreconciliable conflicto los dos criterios, el común Vs. el científico, planteados como distintos y hasta antagónicos. Unamuno, y nuestra adorable pareja de hecho, denuncian la misma mentira con palabras traídas ad hoc a las situaciones que analizan. De manera que cuando, los contertulios comensales van desgranando sucesivos mantras intuitivos, instintivos, viscerales y hasta hormonales que pretenden hincar como inquebrantables menhires en la conversación (Sin ir más lejos, el de Isidoro Cuenca: “¿Cómo dice sin el menor empacho que el único conocimiento que a un hombre interesa, que son las mujeres, lo enseña sólo el libro de la vida, y no la ciencia ni la literatura?…”), tales pedruscos dialécticos incitan a nuestros dos sabios jubilados a la reflexión:
    “¡cuántas veces en las vidas literarias que vivimos vicariamente, nos encontramos ante encrucijadas, decisiones, caracteres, motivaciones, de variado peso que, indudablemente, enriquecen nuestra interpretación del ser humano, pero siempre de forma intuitiva!”
    Concluyendo el proceso, conciliadores con Unamuno, uno de sus pares precedentes, sentenciando:
    “V- Habría tenido que decirles que literatura y ciencia son dos aproximaciones distintas a la realidad, que suelen discurrir paralelamente, si bien puedan cruzarse en ocasiones.
    H- ¿A cuál de los comensales le pondría la mejor nota?
    V- Creo que esta vez habría que dar un suspenso general”.

    Gracias por la maravillosa página que habéis creado; exiguo reducto de esa Rara avis en terminal estadio de extinción: el pensamiento lógico racional.

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