
Don Hugo: Entre estas cuatro paredes uno creería posible un mundo perfecto…
Don Víctor: ¡Quién como Rafael! Casi nos veo transportados a esa academia, con los filósofos griegos mirando al otro lado el triunfo de la Eucaristía, sin enfrentamiento entre fe y razón, sino confluencia en un todo armónico.
Don Hugo: ¡Edificante! Probablemente estamos dentro del ejemplo más elocuente de cómo el entorno condiciona y modela la conducta y los afectos.
Don Víctor: ¿No le parece a usted, don Hugo, verse en el centro de aquellas ciudades ideales de los pintores del Renacimiento?
Don Hugo: Nunca como entonces religión y ciencia se acercaron tanto ni con tanta confianza.
Don Víctor: Desgraciadamente siempre estamos en movimiento; es como si aquellas órbitas nos hubieran acercado, pero nos condenaran indefectiblemente a alejarnos a continuación.
Don Hugo: A su juicio, don Víctor, ¿cuál sería la fecha en que la Historia debiera haberse detenido?
Don Víctor: Redondeando, ¡en el año 1500!
Don Hugo: ¡Con qué aplomo lo ha dicho usted, don Víctor! No ha dudado ni un segundo.
Don Víctor: Hace ya muchos años que llegué a esta conclusión. Por eso cuando por fin me compré coche, no lo dudé: ¡el Seat 1500!