
Don Víctor: Uno los oye hablar y le parece estar escuchando al mismísimo Malevich disparatando sobre el arte del futuro.
Don Hugo: Con esa petulante invocación de los últimos avances científicos, con esas alteraciones de la estructura molecular, con técnicas nuevas como el lanzallamas…
Don Víctor: Que, por cierto, ya se ha prohibido como arma de combate.
Don Hugo: … como el oxígeno líquido, las liofilizaciones, las deconstrucciones, las vaporizaciones…
Don Víctor: Igualito que Dalí con sus representaciones desoxirribonucleicas.
Don Hugo: ¡Vamos, que nos han convertido la cocina en física recreativa!… como ya hicieran los pintores con el collage, el frottage, el grattage, el dripping…
Don Víctor: ¡Calle, don Hugo, por amor de Dios!… ¡Pura literatura!… Y cada vez que uno de estos genios se asoma a la televisión para proclamar su manifiesto, todos los demás le cantan los coros y se ríen de la cocina «regional»!
Don Hugo: Le conminan a uno a que se introduzca una bola en la boca sin decirle lo que contiene para que así le estalle dentro una verbena de gustos disonantes.
Don Víctor: ¡Atonalidades vienesas contemporáneas!… Después de destrozarnos el oído, nos dejan perplejo el paladar que, el pobre, no identifica nada.
Don Hugo: No contribuye poco a tal desconcierto la presentación visual. ¡En las antípodas de lo que fueran los rotundos bodegones flamencos!
Don Víctor: Vamos, que momifica usted este plato con una de esas supercherías tecnológicas, lo cuelga en la pared y ¡tiene usted un Miró!
Don Hugo: Y a propósito, don Víctor, ¿por qué me ha sacado usted un tema tan desagradable?
Don Víctor: Porque quería proponerle que en la excursión a la provincia de Burgos recalemos en el Hostal Landa para ver si siguen haciendo tan buenos los huevos fritos con patatas fritas y chorizo o morcilla…