
Don Hugo: Don Víctor, dígame, ¿ya se encuentra usted algo mejor, menos mareado?
Don Víctor: Completamente recuperado. Siento haberle estropeado la visita…
Don Hugo: Nada de eso. Su conmoción puede resultar esclarecedora. Cuéntemelo todo desde el principio.
Don Víctor: No era la primera vez que veía en directo los mármoles de Elgin, pero nunca con tanta serenidad y concentración. ¿Recuerda aquella vez en que naufragamos cuando usted se empeñó en que alquiláramos aquellos kayaks en la Dordoña?
Don Hugo: Sí, pero me consta que usted, a pesar del chapuzón, disfrutó mucho.
Don Víctor: Cierto, pero a lo que voy es que, recorriendo con la mirada aquellos maravillosos cuerpos plenos y ondulantes en sus muelles posturas, envueltos en sus sutiles vestidos de movedizos pliegues, me pareció de repente precipitarme por aquellos rápidos, saltando y rebotando entre los redondeadas y pulidas peñas…
Don Hugo: Me está usted haciendo sentir el fragor de las aguas que se derrumban, la espuma que nos salpica y refresca, el vértigo del descenso… Toda una experiencia futurista que hubiera querido firmar el propio Boccioni.
Don Víctor: ¿Y qué me dice usted de la vida que de repente se manifiesta en aquellas mujeres gloriosas?
Don Hugo: Creo que son Leto, Artemisa y Afrodita.
Don Víctor: De Leto y Artemisa, no respondo, pero el hombro de la que está echada no puede ser sino de la diosa del Amor.
Don Hugo: Reparo ahora en la tremenda sensualidad de este grupo escultórico.
Don Víctor: ¿No le parece a usted, don Hugo, que lo mejor del helenismo está ya plenamente logrado en la Atenas de Fidias?
Don Hugo: ¡Qué genio este Fidias!
Don Víctor: No se crea que sean de Fidias, don Hugo… este barroquismo, esta sensualidad explícita, esta variedad de ángulos, curvas y zigzags, es cosa ya de sus jóvenes discípulos.
Don Hugo: ¡Atiza, si aún son mejores que el maestro!
Don Víctor: Según Blanco Freijeiro, el candidato más plausible fuera Agorakrito de Paros, aunque quién sabe si Alcámenes, que también era un virtuoso, pudiera haber metido mano. En cambio es casi seguro que Kolotes no tuvo parte.
Don Hugo: En esto último, coincido plenamente con Blanco… pero dígame, don Víctor, si no es mucho abusar, ¿se atrevería usted a que volviéramos adentro a acabar de verlo mejor?… Me ha picado usted con eso el hombro de Afrodita…
Reflexión intempestiva.
Tengo la sensación de que los edificios de Frank Owen Goldberg (conocido como Frank Owen Gehry) no hacen otra cosa que trasladar textualmente, al tamaño descomunal de la arquitectura, las esculturas de Umberto Bocconi, que a su vez bebe ávido de las fuentes partenopeas. ¿Creadores ex nihilo…?
Ahí lo dejo.
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