
Don Hugo: Se ve que le quedan pocos combates. Cada vez le salen más caras las victorias y pronto dará con sus huesos en la arena.
Don Víctor: Sonado y maltrecho, acabará cualquier día enrolándose de sparring en un sórdido gimnasio.
Don Hugo: Tras tantas victorias incontestables, nuestro Marte intuye próximo su Rocroi, contemplando triste los muros agrietados de su patria.
Don Víctor: Pronto arrastrará su cuerpo cosido a cuchilladas por figones y tabernas, mendigando una moneda.
Don Hugo: Cansado de que nadie escuche sus quejas y llantos, Jeremías se reconcome, conocedor del porvenir impío de Israel.
Don Víctor: Lo veo como un padre del desierto avant-la lettre refugiándose hosco en una caverna.
Don Hugo: Creía ingenuamente poder descansar de tantos trabajos y ahora presiente que por fin van a terminar porque será irremisiblemente derrotado.
Don Víctor: Sí, si no es en el decimotercero, será en el decimocuarto.
Don Hugo: Son cuatro y son uno.
Don Víctor: Todos fueron grandes y ahora todos son tristes, derrotados.
Don Hugo: Ya lo dijo Chateaubriand, que el fondo del hombre es la tristeza, y es que además somos un animal trágico desde el momento en que nunca olvidamos que vamos a morir.
Don Víctor: Ya no puedo respirar más, don Hugo. Vamos a llamar al sereno Tiresias para que nos saque del Hades.
Don Hugo: Pues me pilla usted sin nada suelto para darle, don Víctor.
Don Víctor: Déjese usted de bromas, que me estoy ahogando.