
Don Hugo: “Tyger, tyger, burning bright / In the forests of the night. / What mortal hand or eye / Could frame thy fearful simmetry?”.
Don Víctor: Cómo le aprovecharon las lecciones de Dolores, don Hugo, pero me gusta más cuando recita usted a Shakespeare.
Don Hugo: Calle, calle, don Víctor, ya sé que aquí William Blake se muestra algo ripioso, pero qué atinado con eso de “¿Qué inmortal mano u ojo / Pudo dibujar tu temible simetría?”
Don Víctor: La reconocemos donde se asome, entre el caos de la Naturaleza.
Don Hugo: Las plantas todavía suelen presentarse algo respetuosas, pero lo que es la geología… ¡una vergüenza!
Don Víctor: Claro, los animales son también simétricos, como nosotros, y querríamos construirnos un paisaje también simétrico en el que habitar y sentirnos racionalmente seguros, como en las pinturas del Quattrocento.
Don Hugo: Frente a la arbitrariedad y desorden del mundo onírico, si bien sólo aparente, y frente a los desmanes de la vida psíquica, el ser humano, animal de cultura, busca el equilibrio y la armonía, cifrados en la simetría.
Don Víctor: Sí, sí, fíjese usted que nuestro mundo, esférico, nos produce tanto vértigo por su inestabilidad y la dificultad de orientarnos en su superficie, que lo hemos partido en hemisferios simétricos y, a partir de ello, hemos construido toda una malla de meridianos y paralelos con que fijarlo y aprisionarlo…
Don Hugo: … siempre en perfecta simetría respecto a las antípodas… ¡Lo que me está pesando ahora el no haberme peinado con la raya en medio cuando todavía podía…!
Don Víctor: Eso no lo hubiera podido ver yo. A usted lo conocí ya con su hemisferio sin meridianos ni paralelos.