Economía afectiva

Don Hugo: No sé ya si mi hijo me está hablando de la Bolsa o de la relación con su mujer…

Don Víctor: ¿No me diga que han entrado en desaceleración emocional…? ¡Con la buena pareja que hacen!

Don Hugo: Para mí, que el problema es una mala gestión de las emociones…

Don Víctor: ¿No será por los niños?… De pequeños compiten por el afecto de los progenitores especulando a la baja contra el matrimonio…

Don Hugo: … con riesgo de generar su bancarrota afectiva. Sí, Electra y Edipo metidos a brokers agresivos…

Don Víctor: Deberían evaluar esa competencia de intereses para poder aparcar esos rencores que derivan de ella y que minan su capital afectivo.

Don Hugo: Algo así intenté yo negociar con él y siempre me sale con lo mismo: que si no tiene tiempo, que tiene mucho que hacer y ¡que no le renta…!

Don Víctor: Claro, hombre, don Hugo, tenga usted en cuenta que la cartera de valores de nuestros hijos no es la misma que cotizaba en nuestra juventud.

Don Hugo: Mire, don Víctor, lo que le voy a decir es que por encima de todo ha de prevalecer el rendimiento emocional so pena de caer en una pauperización sentimental progresiva… ¡e irreversible!

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