
Don Hugo: El pie izquierdo casi en el aire… la mano derecha, más alta…
Don Víctor: ¿Así?… Esto empieza a sonarme mucho.
Don Hugo: “En una rama de mirto llevaré la espada
Como Harmodio y Aristogitón
Cuando mataron al tirano
Y dieron a Atenas leyes iguales para todos.”
Don Víctor: Ya está, ¡los tiranicidas! Cómo no he caído antes.
Don Hugo: Pues lo mismo deberíamos promover para Audax, Ditalcón y Minuro.
Don Víctor: … pero… ¿quiénes eran esos?
Don Hugo: ¡Ve usted cómo es necesario un monumento!… Todo el mundo los ha olvidado…
Don Víctor: Deje usted que piense…a ver, a ver… ¿no serán los osos que se comieron a Favila?
Don Hugo: No me fastidie usted, don Víctor, que estoy hablando en serio… ¡Los asesinos de Viriato!…corría el año 138 antes de Cristo…
Don Víctor: Es verdad… aquéllos de “Roma no paga a traidores”.
Don Hugo: ¡Qué mala suerte!.. pero es que ¿no habrá nunca nadie que rehabilite a aquellos héroes?
Don Víctor: Hombre, don Hugo… que la traición nunca ha estado bien vista.
Don Hugo: Desengáñese usted, don Víctor: era necesario deshacerse de Viriatos, Indíbiles y Mandonios, so pena de permanecer en el primitivismo. ¡Teníamos que convertirnos en romanos!… ¡llegar a la civilización!
Don Víctor: Es cierto, bastante paletos sí que eran los pobres…
Don Hugo: ¿Se da usted cuenta, don Víctor, de que los Vascones ni siquiera tenían en su lengua una palabra para el concepto de “paz”?… y que todavía hoy se dice bake tal y como sonó a sus oídos, aprendida de los romanos.